Alejandro Romay, sus competidores, la TV privada y los gobiernos

Alejandro Romay en 1997, en su último año de propietario de un medio televisivo en Argentina (captura de pantalla)

Roberto H. Iglesias.- La reciente muerte del legendario empresario televisivo Alejandro Romay (20.01.1927 – 25.06.2015) −luego de una trayectoria de dos tercios de siglo− genera reflexiones acerca de la suerte de los emprendedores de medios en la Argentina y del alto riesgo político que implica, hasta el día de hoy, manejar un medio de comunicación en el país.

Cualquier actividad productiva acarrrea un riesgo normal económico debido a las fluctuaciones del mercado, el desarrollo de la competencia, la evolución tecnológica o los gustos de sus consumidores. Pero en la Argentina un medio de comunicación afronta además  un  riesgo político adicional, cuando el humor de cualquier gobierno puede  disponer  en forma arbitraria o intempestiva (por vías formales  o informales;  legales o extralegales) la pérdida del control pleno sobre sus actividades, sus licencias, sus vías de financiación, su personal, o sus activos físicos.

Esta situación surge históricamente cada vez que un medio relevante (y a veces no tan relevante) incomoda a autoridades no muy proclives a la libre expresión. Así se despierta el deseo de censurarlo, acallarlo, inducirlo a contratar o no contratar determinado personal o bien de tomar posesión parcial o total del mismo, sea para ubicar contenidos oficialistas, cederlo a amigos determinados o por mero afán de control político.

Alejandro Romay fue el seudónimo de Alejandro Argentino Saúl. De orígenes humildes, comenzó su carrera como locutor en la radio LV7 de Tucumán. Para 1947 era jefe de programación de otra emisora tucumana, LV12 Radio Aconquija (perteneciente entonces al diario La Gaceta). En ese año el peronismo la confiscó sin compensación por “opositora” (luego, denominada Radio Independencia, estuvo nada menos que 37 años “intervenida” por el Estado) .

Fue por eso que Romay vino a Buenos Aires y continuó trabajando como locutor en distintas emisoras porteñas, las que en esos momentos habían sido compradas en su casi totalidad por prestanombres del gobierno peronista (y que para 1954 se habían reducido sólo a  tres: Jorge Antonio, el mayor Carlos Aloé y el entonces diario La Razón).

Entre 1950-1955 había una sola radio verdaderamente privada en todo el país, LV1 de San Juan, vinculada con los bodegueros Graffigna y de alguna manera protegida por la Iglesia Católica.

Fue la misma época en que La Prensa fue confiscada y se cerraron numerosos diarios para “peronizar” la comunicación. (Aun no había surgido el eufemismo de “democratizar” los medios.)  Romay mismo sufrió la “peronización” en carne propia cuando fue despedido de Radio El Mundo por negarse a llevar luto por la muerte de Eva Perón.

Romay en Radio El Mundo,antes de ser despedido, circa 1950

Primer registro de voz que se conserva de Alejandro Romay, también en Radio El Mundo, presentando una comedia musical alrededor de 1950 (archivos de Radio El Mundo).

(Resulta irónico que la página oficial del gobierno kirchnerista que informa sobre la historia de la radio argentina y que menciona la actividad de Romay en esa época omita no sólo la censura imperante y el “capitalismo de amigos” radiofónico de la época peronista sino que tampoco mencione el despido de Romay http://www.argentina.gob.ar/informacion/cultura/111-radio-historia-y-presente.php)

En 1958 compró una de las más pequeñas y alicaídas emisoras de la capital argentina, LS10 Radio Libertad, nombre que no se debió como muchas veces se cree al supuesto gorilismo de Romay sino que le fue impuesto a la estación en 1943 por un propietario nacionalista (luego peronista) cuando saludó de esa manera el golpe militar de ese año (era la antigua Radio Callao).

Identificación de LS10 Radio Libertad de Buenos Aires hacia 1952, seis años antes que la adquiriera Romay (de mi colección particular de audios)

Romay en su emisora, Radio Libertad, en sus primeros tiempos como director-propietario.
Romay en Radio Libertad, en sus primeros tiempos como director-propietario.

Afirma Romay que logró adquirir la emisora radial con la ayuda económica del sindicato de canillitas y del eterno dirigente de ese gremio “Cholo” Peco (supuestamente a cambio de dar espacio en la emisora a algunos peronistas proscriptos, pese a que Romay simpatizaba con el radicalismo balbinista). De a poco, la nueva radio de Romay consiguió buenos índices de audiencia que la convirtieron en los años 60 en una de las tres o cuatro emisoras porteñas más escuchadas (luego de la también privada Radio Rivadavia y las estatales comerciales Radio El Mundo y Radio Belgrano; estas dos últimas iniciaron un lento pero sostenido descenso desde entonces).

Romay accedió en 1963 al control de Canal 9 de Buenos Aires, que por entonces estaba casi fundido, con relativamente poco dinero. Desde su inicio en 1960, el canal estaba a cargo  de un consorcio compuesto por la empresa de noticieros de cine Emelco, la editorial Julio Korn (“Radiolandia“) y algunos dirigentes de la Confederación General Económica (CGE).

Canal 9 Cadete 1      Canal 9 Cadete 2   Logos de Canal 9 a principios de los años 60. (Cadete significaba Compañía Argentina de Televisión SA). El primer logo tenía motivos “productivos” en virtud que la Confederación General Económica (CGE) tenía una parte del capital accionario.

Romay consiguió levantar la estación notoriamente (aunque nunca estuvo en ese periodo al tope de la audiencia) y la rebautizó Canal 9 Libertad. Utilizó de slogan “El canal argentino” para distinguirse del Canal 13 (en ese momento a cargo de un empresario cubano) y de Teleonce (hasta 1970 manejado por los jesuitas y la compañía norteamericana ABC).

El Canal Argentino
Logo del Canal 9 de los años 60
Las mellizas Nu y Eve, símbolos del canal en la primera etapa de Romay
Las mellizas Nu y Eve, símbolos del canal en la primera etapa de Romay
Romay durante la década del 60
Romay durante la década del 60

En 1974 el gobierno le quitará a Romay la estación de TV a punta de pistola. Canal 9, que había estado intervenido por “veedores” desde 1973, fue ocupado al año siguiente por bandas al servicio de José López Rega, el temible hombre fuerte del peronismo de los 70[1]. Por unas semanas, actores, periodistas y técnicos hacían los programas con matones armados presentes en los estudios. El canal continuó administrado por el Estado por cerca de una década.

Recién años más tarde Romay obtuvo una módica indemnización. Siguió con el juicio contra el Estado hasta el final y logró, como parte de un acuerdo más general, que a fines de 1983 los militares le  readjudicaran el canal. Canal 9 tuvo una segunda etapa (14 años) de “era Romay”, en los cuales consiguió esta vez el liderazgo en audiencia hasta que comenzaron los años 90.

El cierto que el gobierno de  Raúl Alfonsín no quiso privatizar los otros canales ni otorgó licencias para abrir nuevos, de modo que Canal 9 se hizo un picnic en el mercado televisivo compitiendo con alicaídas estaciones manejadas por el Estado y cuando el cable no era todavía una opción.

Pero se trataba de una política general de comunicación del gobierno radical de entonces y no de un intento explícito de beneficiar a Romay, quien en ningún momento transformó al canal en un medio oficialista ni consiguió beneficios del gobierno, no obstante sus  ya señaladas  simpatías radicales. (Sus pedidos  de abrir repetidoras propias en el interior e instalar una radio le fueron rechazados a lo largo de toda la etapa alfonisista. Y en 1991 dijo que se negó a darle al entonces “monje negro” radical, Enrique “Coti” Nosiglia, “un porcentaje de un negocio”).

Romay en 1984, cuando le devolvieron el canal.
Romay en 1984, cuando le devolvieron el canal.

El edificio del Canal 9 en Castex 3345 sufrió distintos grados de deterioro. Es cierto que el primer daño vino del propio Romay, quien poco antes de la estatización del canal demolió su estudio principal (el que daba a la Avenida Figueroa Alcorta) y se replegó en los estudios menores. Sin embargo, también durante la administración lopezrreguista y militar hubo nuevo deterioros.

Hasta la manija de la puerta de ingreso  del canal −que se asemejaba a un “9”− desapareció. (Actualmente hay  torres de  departamentos en el predio de Castex y un gimnasio en el terreno de la avenida Figueroa Alcorta.) La entrada pasó a estar en el pasaje sin salida Gelly hasta que se mudó en 2002 a la calle Dorrego, cuando quedó por un lustro en manos de Daniel Hadad.

Canal 9, que continúa en esa calle, está desde 2007 bajo el control de un mexicano-norteamericano apodado “el fantasma”, Remigio Angel González, pero en la práctica se encuentra bajo la órbita del gobierno y con una importante participación del productor oficialista Diego Gvirtz (Duro de Domar, TVR).  Puede otorgársele actualmente la dudosa distinción de ser la emisora privada de TV más oficialista y sesgada de la historia argentina, quizás peor que el estatal Canal 7/ATC en sus momentos más propagandísticos (que incluyen, por supuesto, la etapa K).

Frente a los muchos defectos que se le pudieran achacar a Romay, y aunque quizás le haya hecho algunos pequeños favores comunicacionales a amigos radicales, debe señalarse que nunca volcó sus medios al oficialismo político (sin ser tampoco un adalid del periodismo crítico en su segunda etapa en el canal), ni siquiera durante las épocas de Arturo Illia ni, como se señaló, de Alfonsín. Sus programas periodísticos, que no eran el fuerte de sus emisoras ni siempre eran de buena calidad, eran al menos razonablemente pluralistas.  Tampoco estuvo dispuesto a adecuar  los contenidos de sus medios  para caerles bien a otros  gobiernos, aun  cuando  en ocasiones se perjudicara.

Tanto fue así que en 1970 el gobierno del general Onganía no le renovó la licencia de LS10 Radio Libertad (hoy Radio del Plata) y la perdió sin compensación. En 1973 le pusieron una bomba en su teatro El Nacional, donde se representaba el musical Jesucristo Superstar, calificado como blasfemo por la ultraderecha. Y en 1982 otra bomba destruyó su teatro El Argentino; se exhibía una obra donde entre otras cosas se satirizaba al entonces intendente, el brigadier Osvaldo Cacciatore.

Romay en la década del 70
Romay en la década del 70

Luego de 1990, Romay siguió manejando Canal 9 pero con una creciente competencia privada (Canal 13 de Clarín, Telefé, América y el cable). En 1991 volvió a lanzar Radio Libertad (desde la antigua Radio Belgrano). Sin embargo, ya no estaba en su mejor momento.

El canal fue vendido en 1997 a un grupo australiano que a su vez lo cedió al consorcio CEI-Moneta, un fallido intento de Carlos Menem de crear un multimedio oficialista. En 2000 Romay también vendió su emisora de radio, que volvió a llamarse Radio Belgrano (hoy es de los hijos de Raúl Moneta).

Los clásicos jingles navideños de Canal 9. En este de 1992, hasta Mariano Grondona aparece cantando. Y Romay no se privaría, por supuesto, de aparecer en primeros planos (usuario de YouTube FLAVICLUB).

Identificación de Canal 9 entre 1984 y 1990 (el primer tramo de la segunda etapa Romay) con la voz de la histórica locutora Lidia Sánchez y la “palomita” usada como símbolo de la emisora (usuario de YouTube AleNemi)

Cierre de transmisión del 21.09.1995 y lectura de la programación para el día siguiente. Ultimo logotipo de la era Romay (1995-1997). El canal pasó luego a llamarse Azul TV hasta 2002 (usuario de YouTube nanbananjus).

Sólo en Puerto Rico y en los Estados Unidos Romay pudo manejar medios sin grandes sobresaltos. Entre 1975 y 1982 residió en la mencionada isla del Caribe, donde compró Radio 93 La Romántica, convertida por el mismo Romay en una emisora de salsa: Ritmo Salsa 93. En los 90 abrió el Canal 41 de Miami, WJAN-TV, con programación en español, hoy manejado por su hijo Omar.

Un self -made man de la TV

Romay fue uno de los últimos self-made man de los propietarios de televisión. Se hizo solo y desde abajo y −como otros dueños de medios de su época− era una persona que, si bien astuta para los negocios y los contactos, muy poco le debía a las influencias políticas, los lobbys para conseguir licencias y beneficios o las subvenciones que pudieran implicar la entonces insignificante publicidad oficial.

Por otro lado, era una época en que los canales tenían “caras visibles” y personas de carne y hueso a su frente, no entidades impersonales como las que predominan hoy. Romay atendía personalmente en su oficina y −pese a su verborragia y tendencia a la egolatría− cuentan que se podía discutir con él más o menos libremente sobre asuntos del canal.

Se dice que era generoso con su personal y otorgaba inesperadamente buenas oportunidades, pero siempre con el estilo de “patrón de estancia”, lo que también podía incluir arbitrariedades diversas. (Una queja de algunos actores era que no les pagaba las regalías correspondientes cuando sus programas se exportaban al exterior).

Pero Romay fue un innovador y creador de éxitos y figuras populares. Desde que asumió la administración de Canal 9 en 1963, en muy poco tiempo logró que la gran mayoría de la programación fuese producida localmente.

Su olfato creó clásicos televisivos como el duradero Almorzando con Mirtha Legrand, el refugio de viejas glorias (y algunos nuevos talentos) como Grandes valores del tango, las representaciones de Teatro como en el Teatro, unitarios de obras clásicas como Alta comedia o telenovelas de alto rating como Simplemente María y muchas otras. Impulsó los dibujos animados de García Ferré y ficciones de terror como El hombre que volvió de la muerte, así como programas ómnibus como Sábado de la bondad y Feliz domingo. También puso en el aire programas periodísticos políticos de debate plural como Derecho a réplica (este último sólo en los años 60 y 70).

En su segunda etapa iniciada en 1984 revivió algunos de sus éxitos anteriores y apareció el innovador A solas, de Hugo Guerrero Martinheitz, el show Hola Susana y algunos programas cómicos de gran audiencia, con Alberto Olmedo a la cabeza. Le abrió igualmente las puertas a Mariano Grondona para transmitir su nuevo espacio de periodismo político Hora clave en la época en que el veterano periodista se había separado de Bernardo Neustadt y había adoptado una posición crítica contra la corrupción en el menemismo, frente a la postura irrestrictamente oficialista de su excompañero.

Las creaciones de Romay, las buenas, las malas y las espantosas, fueron vistas a lo largo de muchos años por millones de argentinos y en varios casos trascendieron su gestión en el canal y hasta su propia muerte. Fue él que le propuso a la hasta entonces estrella de cine Mirtha Legrand la idea de los almuerzos televisivos, que aún siguen en el aire. La Legrand lo despidió desde la TV hace algunos días con la siguiente frase: Gracias a tu visión cambiaste mi vida profesional. Adiós querido amigo; genio y figura. Visionario, creativo, ingenioso, talentoso. El espectáculo argentino te rinde honores”.

Romay y Legrand
Alejandro Romay y Mirtha Legrand en los años 80
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El inicio de un programa (1968) con casi medio siglo en el aire (con interrupciones motivadas por la acción estatal para censurarlo o excluirlo).

Como tantas personas, Romay tenía a veces su lado oscuro. En algunos casos echó mano a los peores golpes bajos para predominar en la carrera del rating. Cuando en 1969 Canal 13 emitió el clásico Otelo, de Shakespeare, no dudó en contraprogramar a la misma hora una versión cómica llamada Otelito que terminó teniendo más rating que la original. Romay se vanagloriaba de su triunfo, pero el sobrio Canal 13 respondió ofuscado: “no podemos hacer aportes a la cultura en estas condiciones”.

En 1985, cuando el padre de una participante murió de un ataque cardíaco frente a las cámaras en Feliz Domingo no tuvo problemas en repetir media docena de veces, el mismo día, el tape donde la infortunada persona se desplomó en medio del programa. Y por esa época convirtió buena parte de su espacio noticioso Nuevediario en una parodia amarillista que desvirtuaba cualquier intento de periodismo real, cuando mandaba a José De Zer a hacer notas “inventadas” en busca de monstruos y OVNIs, mientras el bizarro reportero le ordenaba a su camarógrafo “¡Seguime, chango!”. (En su gestión de los 60 y hasta 1973-74, Nuevediario, en cambio, era un noticiero serio.)

Tanto en su primera etapa pero más aún en la segunda, Canal 9 recurría a un sensacionalismo de medio pelo, una suerte de approach nacional y popular no peronista (por definirlo de alguna manera) que era distinto del visceral sensacionalismo populista de Teleonce o de Crónica TV, los medios que manejaba su competidor García. Parecía una metáfora perfecta de las afinidades radicales o filoperonistas que cada uno de estos empresarios tenían. (García, sin embargo, y hasta el día de hoy, dice “no soy peronista: soy periodista”.)

Romay también exhibía aspectos de color en su propia persona. Extrovertido, locuaz, estentóreo y narcisista, hablaba con los tonos de locutor de los años 50, esos que pronuncian “verdat” en lugar de verdad, los que tienden a esdrujulizar los términos y los que enfatizan exageradamente las eles, especialmente al final de las palabras. “Estoy muy complacido que miren este canalllllll”, podía a veces decir.

No se privaba de ingresar intempestivamente a los programas en vivo de su propia estación de TV, donde lanzaba largas peroratas o divagaba frente a la mirada impávida de conductores y entrevistados que, por razones obvias, no podían pararlo, responderle o interrumpirlo. En una huelga de locutores y periodistas, llegó a hacer el noticiero él mismo poniéndose delante de una cámara fija. Después, por algún tiempo hizo pareja en Nuevediario con algunos de sus conductores.

Romay

Pese a sus excesos, fue el artífice de una etapa ineludible de la historia del medio y la televisión argentina es lo que es hoy, en parte, gracias a su accionar. De todas formas, bueno es recordar que Romay construyó su ascenso, fama y éxitos más importantes en un entorno competitivo y sin “contraprestaciones” de los gobiernos.

Poliarquía en la TV

Romay era conocido como el “zar” de la TV, pero en su primera etapa actuó en una época en la cual había una razonable “poliarquía” en los canales de Buenos Aires. Para 1970, además de Romay, estaban Héctor Ricardo García como propietario de Teleonce (Canal 11)[2] y el cubano Goar Mestre como titular de Canal 13 (a través de la productora Proartel SA).

Es importante destacar que pese a ser Canal 13 la televisora de Buenos Aires con mayor audiencia entre 1960 y 1971 (desde entonces y hasta 1974 pasó a ser Teleonce), las diferencias de rating entre los tres canales privados porteños no eran abismales. Como se diría ahora, no existía una “concentración” marcada, ni en términos de audiencia ni en términos de propiedad. (Ningún canal de Buenos Aires, excepto por breves momentos Teleonce, operaba canales en el interior; todos estos últimos eran de propietarios locales, aunque retransmitían los programas porteños).

Asimismo, desde mediados de los 60 y hasta su intervención, ninguno de los tres canales privados de Buenos Aires daba pérdidas. (A diferencia de la situación actual, donde sólo El Trece y Telefé no tienen rojos permanentes.)

Como Romay, Mestre y García eran también self-made men en mayor o menor medida.

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Goar Mestre 1971   Logo Canal 13
Goar Mestre en 1971 (foto de la Revista Gente) y el logo histórico de Canal 13 introducido en 1967 y usado en su etapa privada y bajo la intervención estatal hasta 1990.

Goar Mestre, si bien de clase media, empezó en una botica familiar en Santiago de Cuba y luego se transformó en vendedor de la compañía de pilas Eveready. Es cierto que luego estudió administración de empresas en Estados Unidos y lanzó el principal canal privado cubano en los años 50. Pero cuando vino como exiliado a la Argentina y después de comprar un departamento y algunos equipos,  su cuenta bancaria quedó en apenas 3.800 dólares[3]; claro que contaba con un know-how  único  e  innumerables contactos internacionales. (Mestre tenía una excelente relación con la cadena estadounidense CBS, pero no era un agente o representante de esa compañía sino que ambas partes se trataban como pares[4].) De esa forma logró poner en el aire Canal 13 en 1960 con una inversión inicial moderada.

Héctor Ricardo García   Logo de Teleonce y Leoncio

              Héctor Ricardo García en los años 70 (foto Wikipedia) y logo de Teleonce y su mascota, Leoncio.

Más impresionante, quizás, es el caso de Héctor Ricardo García, de extracción social humilde y filoperonista, quien logró construir un multimedios casi de la nada (aunque echando mano a distintos grados de amarillismo populista): el diario Crónica (1963), la mítica Radio Colonia (comprada en 1965) y Teleonce (adquirido en 1970). Lo insólito es que logró hacer esto en una Argentina cuyo establishment de entonces −a diferencia del actual− era esencialmente antiperonista. “Y encima me llamo García y no Mitre, Gainza o Noble”, dijo alguna vez en una entrevista.

Entre los años 60 y hasta su estatización de 1973-74, ni Romay, ni Mestre, ni García debieron entrar en componendas con los gobiernos para operar sus canales, ni fueron ninguno de ellos selectivamente beneficiados o perjudicados por el poder oficial. (Excepto si contamos la mencionada readjudicación de la licencia de LS10 Radio Libertad padecida por Romay en 1970).

Pese a que los tres eran acérrimos competidores, Romay, García y Mestre actuaron en una época (1960-1973) en que la televisión estaba relativamente desvinculada del sistema político y podían emprenderse muchas actividades (e incluso decirse muchas cosas) independientemente del humor del gobierno,  no obstante la inestabilidad institucional y la existencia de dictaduras y gobiernos autoritarios de distinto tipo. Más allá de ocasiones protocolares o quizás por algún  tema específico, los popes televisivos no se reunían con los gobiernos para coordinar o “adecuar” sus políticas editoriales, pedir prebendas, ni mucho menos ofrecerse como sus alcahuetes comunicacionales.

Tanto fue así que Canal 13 y otros medios, aun en plena dictadura de Onganía, cubrieron con lujo de detalles un cordobazo que los militares querían minimizar, en medio de los tanques y las bombas molotov y cuyos testimonios fílmicos sobreviven al día de hoy. Increíblemente, las notas fueron transmitidas sin censura en los canales privados.

Andrés Percivale cubriendo el cordobazo para Canal 13 (1969)
Andrés Percivale cubriendo el cordobazo entre manifestantes para Canal 13 (1969)
Sergio Villaruel, parapetado, también cubriendo el cordobazo para Canal 13 en otra parte de la ciudad.
Sergio Villarruel,  también cubriendo el cordobazo para Canal 13 en otra parte de la ciudad, parapetado en medio de tiros y gases lacrimógenos disparados por las fuerzas militares.

Eran los mismos canales privados que desafiaban en sus noticias la prohibición de decir “Perón”, los que informaban casi sin restricciones sobre acciones del ERP y Montoneros en la época de Levingston y Lanusse (a veces hasta entrevistando en la clandestinidad a sus líderes), los que le daban el micrófono a personas que denunciaban a la policía o los militares, los que reporteaban a dirigentes políticos de todos los colores −incluyendo liberales, peronistas, izquierdistas o comunistas−, aun antes que estuviera permitida la actividad política. Y también eran los que contrataban artistas sin preocuparse demasiado de su filiación ideológica. Como se ve más abajo, entrevistaban también a los gobernantes de facto.

Lanusse y Maidana
El general Alejandro Agustín Lanusse, cuando ejercia la presidencia, en una entrevista con Roberto  Maidana, de Canal 13 (1971) (Archivo General de la Nación)
Isabel
Isabel Martínez, también entrevistada por Canal 13 (1972) , bajo cuyo gobierno se consumó la ocupación violenta de los canales (Archivo DiFilm)
Balbín
Ricardo Balbín (UCR) hablando con los tres canales privados (1972) (Archivo DiFilm)
Perón
Juan Perón, en diálogo con los tres canales que luego serían estatizados (1973) (Archivo DiFilm)
José Ignacio Rucci con Canal 9
José Ignacio Rucci con Canal 9 (1972) (Archivo DiFilm)
Solari Yrigoyen y Oscar Alende
Hipólito Solari Yrigoyen (UCR) y Oscar Alende (PI/APR) con Canal 9(1972) (Archivo DiFilm)
Julio Chamizo (Nueva Fuerza) con la televisión (1973) (Archivo DiFilm)
Julio Chamizo (Nueva Fuerza) con la televisión (1973) (Archivo DiFilm)
Dante Gullo (JP) con Canal 13 y el canal oficial
Dante Gullo (JP) con Canal 13 y el canal oficial (1973) (Archivo DiFilm)
Américo Ghioldi (PSD) con Canal 13 (Archivo DiFilm) (1972)
Américo Ghioldi (PSD) con Canal 13 (1972) (Archivo DiFilm)
Mario Firmenich con Canal 13
Mario Firmenich (Montoneros) con Canal 13 (1973) (Archivo DiFilm)
Francisco Manrique (PF/APF) con Canal 13 (1973) (Archivo DiFilm)
Francisco Manrique (PF/APF) con Canal 13 y otro medio  (1973) (Archivo DiFilm)
Jorge Abelardo Ramos (FIP) con Canal 13 (1973) (Archivo DiFilm)
Jorge Abelardo Ramos (FIP) con Canal 13 (1973) (Archivo DiFilm)
Alcides López Aufranc, comandante en jefe del Ejército con Lanusse, en un disurso en instalaciones castrenses que es tomado por un cronista de Canal 13 (1973) (ArchivoDIFilm)
Alcides López Aufranc, comandante en jefe del Ejército con Lanusse, en un discurso en instalaciones castrenses que es tomado por un cronista de Canal 13 y el Canal 10 de Córdoba (1973) (ArchivoDiFilm)
Roberto Santucho (ERP) en una conferencia de prensa clandestina con Canal 13 y Teleonce (1973) (incluido en la película errepé -2006-)
Mario Roberto Santucho (ERP) en una conferencia de prensa en la clandestinidad con Canal 13 y Teleonce (1973) (incluido en la película errepé -2006-)
Ida Burgstaller, esposa del directivo de Fiat Oberdan Sallustro, secuestrado y asesinado por el ERP, en declaraciones a los canales (1972) (Archivo di Film)
Ida Burgstaller, esposa del directivo de FIAT Oberdan Sallustro, secuestrado y asesinado por el ERP, en declaraciones a los canales (1972) (Archivo DiFilm)
Arturo Jauretche (1972) entrevistado probablemente por Canal 9
Arturo Jauretche entrevistado probablemente por Canal 9 (1972) (incluido en el documental La ceniza y la brasa -2009-)
Canal 13 con Arturo Mor Roig, ministro del Interior de Lanusse, quien sería asesinado por los Montoneros dos años más tarde de esta entrevista (1972) (Archivo DiFilm)
Canal 13 con Arturo Mor Roig, ministro del Interior de Lanusse, quien sería asesinado por los Montoneros dos años más tarde de esta entrevista (1972) (Archivo DiFilm)
Héctor J. Cámpora (PJ) antes de ser presidente, entrevistado por distintos canales.
Héctor J. Cámpora (PJ) antes de ser presidente, entrevistado por distintos canales (1972)(Archivo DiFilm)
Rubens Iscaro (izq.) y Fernando Nadra, ambos del Partido Comunista, con Canal 13 y el canal oficial (1973) (Archivo DiFilm)
Rubens Iscaro (izq.) y Fernando Nadra, ambos del Partido Comunista, con Canal 13 y el canal oficial (1973) (Archivo DiFilm)
Los canales privados hablaban con todos y todos hablaban con los canales privados. La diversidad política del periodismo televisivo de entonces fue lo que muchos grupos del gobierno no podían digerir. Los argumentos esgrimidos para la nacionalización por parte del peronismo, como la promoción de la “cultura” o la eliminación de programación “extranjera”, no eran sino excusas para lograr el control comunicacional total. Aunque Perón no hizo nada por evitar la incautación parcial de 1973, en las reuniones con los dirigentes, actores y sindicalistas que le planteaban la nacionalización, se mostró indiferente ante el tema: “Hay que estudiar el asunto”, dijo. López Rega esperó hasta la muerte del anciano líder para ocupar completamente los canales en 08.1974.

Tampoco los canales dejaban de enfrentarse con las autoridades de la censura de cine, que en los 60 era casi tan cavernaria como la que implantarían después los peronistas y los militares con el increíble Miguel Paulino Tato (funcionario que desde el mismo cargo en el temible Ente de Calificación Cinematográfica sirvió tanto a Perón e Isabel como a Videla). (En los 60, pese a la pacatería general televisiva de entonces, los canales daban “películas prohibidas para menores de 18 años” a altas horas de la noche, las que a partir del gobierno de Onganía desaparecieron por completo. Sin embargo, la censura televisiva posterior en temas de ficción  resultó en la práctica más benigna que la cinematográfica).

El propio Canal 9, a través del Boris Karloff del subdesarrolloNarciso Ibáñez Menta, daba vida a programas tan audaces y provocativos como ficciones locales donde se personificaba a Hitler y que desarrollaba una trama que aludía a la geopolítica mundial.

(Las audacias programáticas (pero sensacionalistas) de Romay (Archivo Narcisco Ibáñez Menta)
Las audacias programáticas (pero sensacionalistas) de Romay (1969) (Archivo Narciso Ibáñez Menta)

Los canales podían hasta darse el lujo de invitar al cantaautor Piero en sus programas –como hacía el conductor “Pipo” Mancera– en los que no dejaba de cantar contra “los americanos” (tema que el mismo Piero llegó a interpretar alguna vez, aunque parezca mentira,  en sus giras por los Estados Unidos) o entonar una cruda sátira a la TV en los mismos estudios de un canal, al compás de las llamadas “canciones de protesta” de la época.

Canción “La del Televisor” interpretada por Piero (1972) (usuario de YouTube Piero De Benedictis). Su difusión radiotelevisiva fue prohibida por el gobierno por Resolución 10-COMFER del 10.01.1973, probablemente en represalia por otros temas más “fuertes” que no le fueron formalmente prohibidos.  (Se trató de la quinta canción prohibida por el COMFER −antecesor de  AFSCA− desde 1969 y la primera por razones políticas.) El peronismo de 1973-1976 prohibió formalmente 17 temás más, en este caso por motivos esencialmente políticos, aunque las más importantes estaciones de radio y TV del país estaban ya manejadas por el Estado, en las cuales se aplicaba una fuerte censura.

 desd69 desde–

Si “el papel resiste todo”, como a veces se proclama, la TV privada de la época también absorbía todo. A menos que creamos, como Marx, que el capitalismo conlleva el germen de su propia destrucción o que, como decía Lenin, los capitalistas nos venderán la soga con la cual más tarde los ahorcaremos, resulta claro que los canales privados de entonces –pese a una creencia muy extendida en contrario– tenían internalizado, por las razones que fueran, la práctica de un concepto bastante amplio de libertad de expresión y de emprendimiento, sin que ello estuviera reñido con su condición de negocios.

Ese concepto no sólo iba por delante de la estrechez y los intentos de control de los gobiernos sino también de los innumerables críticos políticos o intelectuales que, desde la derecha o la izquierda, acusaban a los canales privados de “servidores del sistema” para alienar al pueblo y distraerlo de sus problemas, una posición poco explicable si la analizamos a la luz de muchas cosas que ofrecían en sus programaciones.

Hasta 1973/74 ningún gobierno se animó a tomar represalias ni a ejercer demasiadas restricciones a la TV privada. (En varios periodos previos a esos años hubo cierta censura o autocensura de tipo “moral”, pero aún en la etapa de Onganía y en otras las restricciones formales o informales de expresión política en las pantallas privadas eran bastante livianas,  incluso cuando algunos de estos gobiernos eran represivos en aspectos políticos generales o censuraban fuertemente  otros segmentos de la comunicación, particularmente los contenidos de radios y televisoras estatales). Por lo menos a la radio y la televisión privadas esos gobiernos las veían, hasta cierto punto, como una fuerza que debían tolerar con cierta resignación[5].

Por supuesto, los canales siempre recibían presiones gubernamentales, políticas, sindicales y empresariales pero las televisoras se las ingeniaron, en general, para mantener una postura relativamente independiente en lo periodístico y programático.

Sin embargo, a veces las presiones podían ser intensas. En el siguiente video de 1966 Romay levanta él mismo –con la apuntada actitud de “patrón de estancia” y con argumentos subliminales y algo confusos– y ante las cámaras, el único programa de periodismo político de Canal 9: Derecho a réplica, seguramente por presión del gobierno de Onganía, quien durante su gestión prohibió la actividad política de todo tipo. El programa retornó en 1971. (En cambio, el programa de Canal 13 Parlamento 13 continuó durante todo 1966 y 1967, pese a que justamente no existía más el Congreso e incluso se deslizaban en ese espacio críticas sutiles al gobierno de Onganía.)

Romay levanta un programa político por aparente presión de Onganía (se trata probablemente de la aparición en video que más antigua que se conserva de Romay) (usuario de YouTube radiotelefonía)(1966)

Podría decirse que el verdadero “reporting” audiovisual sistemático e independiente en la Argentina empezó precisamente  hacia 1969 gracias a los canales privados, esencialmente con la ya señalada transmisión de los acontecimientos del Cordobazo.

Si bien los noticieros argentinos de TV abierta tienden hasta hoy  a ser algo superficiales, fue a partir de fines de los 60 cuando los tres canales privados desarrollaron una modalidad sistemática y agresiva de estar presentes donde se producía la noticia (esto se hacía a partir de films que eran rápidamente revelados y emitidos; en esa época la tecnología para transmitir en directo desde exteriores era engorrosa y precaria).

Había varias razones para que esto ocurriera en ese momento y no antes. Por un lado, ya se habían generalizado  las cámaras filmadoras livianas que podían tomar el sonido ambiente, llamadas auricones. La censura del gobierno de Onganía también incidía, aunque incluso en sus años más duros, nunca llegó a ser total y fue incomparablemente menor a la del gobierno militar de 1976.

Pero quizás el motivo más importante fue la decisión de los canales –también adoptada por presión competitiva− de dejar atrás un periodismo de radio y TV que, en su mayoría, tendía hasta entonces a ser insuficiente, complaciente y “lavado” (al estilo de los noticieros de cine). Así, el agresivo “reporting” in situ de los canales rompió con la parsimonia informativa predominante hasta ese momento en el campo audiovisual[6].

No solamente se cubría la noticia policial, la deportiva o la de color, sino muy especialmente la información política. Más allá de las entrevistas en despachos o sitios convenidos −que se siguieron haciendo− los canales también enviaban ahora a intrépidos reporteros que no escatimaban esfuerzos para “meterse” en todos los lugares y conseguir declaraciones, formulando preguntas directas y al punto, aun en medio de actos políticos, protestas, reuniones y operativos de fuerzas de seguridad y entrevistando, hasta a veces “al paso”, a gobernantes, políticos, jefes militares, policías, manifestantes, transeúntes, testigos e incluso a afectados directos por acciones de la policía, los militares o la guerrilla[7].

En medio de la dictadura del general Roberto Marcelo Levingston, Canal 13 cubre el 08.09.1970 el funeral de los líderes montoneros Fernando Luis Abal Medina y Gustavo Ramus, muertos en un tiroteo con la policía en la localidad de William C. Morris, al noroeste de Buenos Aires.  Quizás por un tema de autocensura el reportero no entrevista a los asistentes, pero menciona la corona enviada por Perón, capta algunos cánticos contra el gobierno, reproduce la oración fúnebre del padre Mugica y no omite detalles sobre la actuación policial. El periodista es José Manuel Carrizo (Archivo DiFilm).

Nuevamente, el reportero José Manuel Carrizo de Canal 13; quien aparta a un policía en medio de una protesta de docentes en pleno gobierno militar de 1971 (minuto 2:09) (el audio comienza en 0:45) (Archivo DiFilm)

Impresionante crónica fílmica de Canal 13 del 02.04.1973 que muestra la libertad con la que trabajaba el periodismo de la TV de esa épocamodalidad que hasta ese año constituía una práctica afianzada pese a las características de los diferentes gobiernos 
La cobertura tiene lugar frente al edificio de departamentos  donde residía el contraalmirante Francisco Alemán (aunque su apellido es recurrente y erróneamente pronunciado como ‘Áleman’) secuestrado el día anterior por la guerrilla del ERP. (El edificio estaba situado en Avenida del Libertador casi Rodríguez Peña, Buenos Aires.)
Se aprecia la intensa competencia entre los reporteros de los canales competidores para acercarse a los entrevistados y preguntar (la mayor parte del tiempo se ve a un joven César Mascetti por Canal 13, pero también el micrófono del Canal 9 –minutos 2:08 a 2:19 y 3:38–, el de Teleonce –2.10 a 2.25. 2.32 y 4:50 a 5:08– y a una igualmente joven Magdalena Ruiz Guiñazú como reportera del estatal Canal 7 –3.36 a 3.40 y 4:39 a 5:27−;  asimismo, aparecen en segundos planos algunos periodistas de medios gráficos tomando notas frente a los entrevistados, modalidad casi extinguida hoy).
Los periodistas abordan y hablan con un capitán amigo del contraalmirante (1:44 a 2:28 y nuevamente 4:24 a 5:29), con la policía (3:35) y con un sacerdote (4:10). También realizan preguntas muy directas (“¿tiene [la familia] una situación económica para pagar un rescate?” “¿el contraalmirante fue jefe de inteligencia naval?” “¿se llevan un archivo fotográfico?“). Asimismo, se muestra de manera muy clara a un auto de policía sin chapa-patente que retira material (2:45), se señala el probable domicilio de la hija del presidente (3:05), se alude por su nombre una posible autoría del ERP (4:41) e incluso el militar amigo señala que las leyendas guerrilleras pintadas en el lugar se refieren a “la justicia popular por Trelew”. Los canales tratan  de conseguir declaraciones del presidente Lanusse que sorprendentemente pasa frente a los periodistas dirigiéndose a la casa y luego saliendo de ella (6:10 a 6:44). (Archivo DiFilm)

El periodista Enrique Llamas de Madariaga, luego de una entrevista con un periodista italiano, difunde por Teleonce Informa, el 29.05.1973  a las 22:43 (hora argentina) un videotape Ampex del ERP donde se informa de un “juicio popular” al contraalmirante Francisco Alemán. En el video un locutor del grupo guerrillero interroga al militar en tono autoritario acerca de sus datos personales y se escuchan de fondo marchas. Finaliza el tape diciendo que el ERP “mantendrá informada a la clase obrera y al pueblo” sobre los resultados del “juicio” (solo audio) (de mi colección particular de audios – favor de indicar como fuente Blog CMS -Roberto H. Iglesias – Buenos Aires, en caso de reproducción en otro sitio web, con un enlace a esta página)

Dos notas donde se cubre in situ el operativo policial por el asesinato del líder sindical José Ignacio Rucci (peronista ortodoxo), en la tarde del 25.09.1973.
La primera nota corresponde a Canal 13. En ella, una reportera −probablemente Mila Saric− intenta hablar con la policía e ir más allá de algunas restricciones de seguridad. En algún momento llega a meterse en medio de la propia custodia de Rucci para registrar el diálogo entre sus integrantes, pero la apartan bruscamente y le “manotean” el micrófono (minuto 1:23 a 1:43). Luego, el cronista José Manuel Carrizo sigue el operativo lo más cerca que puede y muestra a policías con armas (2:16). Informa también que estarían buscando a uno de los asesinos de Rucci, que podría estar escondido y herido en alguna de las casas del vecindario. Habla con inspectores policiales a quienes aborda en la calle y que revelan que el procedimiento no había arrojado resultados positivos;  manifiestan también que un disparo que se escucha es  “posiblemente de alguno que se le haya escapado un tiro” (2:48 a 3:05). El reportero muestra nuevamente a personal civil armado (3:27). Aborda a un comisario a quien le vuelve a preguntar sobre la procedencia del tiro escuchado y le contesta que “podría ser [que se haya tirado contra la policía], querido Carrizo [pero] lo vamos alcanzar [por]que lo conocemos” (3:48 a 3:58). Luego, el periodista muestra otras imágenes del operativo y habla con testigos, incluso tratando de ingresar a sus casas (Archivo DiFilm).
La segunda nota es de Canal 9, con un periodista no identificado, que cubre el mismo operativo también siguiendo de cerca los movimientos del personal policial, aunque menos agresivamente que Canal 13. Asimismo, dialoga con testigos que relatan lo que vieron. Irónicamente en la nota se puede ver la unidad móvil de Canal 13 (minuto 0.14 a 0:18) (Archivo DiFilm).
Dos semanas después de ambas notas, el gobierno peronista efectuó su primera intervención parcial en los canales con la figura de “veedores”, a lo que seguiría la intervención y ocupación total y su subsiguiente operación estatal.
Desde la intervención dispuesta el 08.10.1973 y por cerca de una década jamás volverán a verse notas  como estas, donde los canales de TV pudieran actuar libremente en la calle (o en dar a conocer informaciones o análisis independientes) en relación con temas políticos y mucho menos sobre hechos relacionados con violencia política.

Por otra parte, para 1970 la TV privada porteña (canales 9, 11 y 13)  tenía una cuota altísima de programación nacional propia (alrededor del 80%) sin que ninguna ley los hubiese obligado a ello.

La exageración y el etnocentrismo popular argentino describían a la TV de entonces como “la mejor del mundo”, aunque con el tiempo el apelativo fue reduciéndose a la “mejor de América Latina”. Esta última caracterización quedó también en el olvido luego de la desastrosa gestión peronista-militar-radical de los canales comerciales y del surgimiento paralelo de gigantes como la Réde Globo (Brasil) o Televisa (de México). A diferencia de los canales privados argentinos, ambas cadenas  sí habían obtenido posiciones monopólicas u oligopólicas entablando una alianza oficialista simbiótica con sus respectivos gobiernos (los militares brasileños o el PRI mexicano, según los casos).

Sin embargo y aunque es muy difícil comparar, la TV argentina de los 60 y parte de los 70 estaba quizás entre las más creativas y variadas del planeta, aun teniendo en cuenta las limitaciones que implicaba ser un medio tan profundamente masivo y las propias del país. Por supuesto, en muchos países europeos y en los Estados Unidos podían hallarse muchos programas (de ficción o periodísticos) de muy alta calidad y/o nivel de producción.

La programación de origen extranjero fue bajando sostenidamente, cada año y en cada canal privado, hasta 1974, mientras cada canal le compró a las cadenas norteamericanas CBS (Canal 13), ABC (Teleonce) y NBC (Canal 9) su participaciones minoritarias iniciales que se remontaban a 1960-1961.

El porcentaje de programación nacional y la “reconquista” del capital accionario de los canales eran hechos que desmentían en la cara de sus enunciadores las encendidas proclamas sobre el “imperialismo cultural” tan de moda en esos tiempos, pero ese “relato” se seguía manejando contra toda evidencia.

(La estatización de 1973-74, tanto durante el gobierno peronista como en la subsiguiente etapa militar, elevó ostensiblemente el material extranjero debido a las acuciantes dificultades económicas de los canales.)

Una característica de la TV de esas épocas, en la que muchas veces no se reparaba, era  el notable pluralismo del sistema de TV privado. Si Canal 9 tendía a simpatizar con el radicalismo, el populismo de Teleonce lo acercaba al peronismo y Canal 13 tenía una postura que podía definirse, a grandes rasgos, como liberal.

Pero no se trataba de medios “bajadores” de línea o que sesgaban la información por compromisos con estructuras de propaganda oficiales o partidarias, como ocurre hoy con los canales K o con algunos vinculados con gobiernos de jurisdicciones locales (vía privilegios selectivos, subvención de publicidad oficial, o ejercicio de lobby para ventajas).

Aún internamente cada canal era muy diverso: en un canal “liberal” como el 13 podía haber peronistas clásicos  como Leonardo Favio  o  peronistas de izquierda  como Marilina Ross; en el filoperonista Teleonce convivían el liberal nuevafuercista Aldo Cammarota (libretista que presentaba un programa cómico donde se imitaba a políticos mucho antes que en lo de Marcelo Tinelli) y el folklorista Horacio Guarany (miembro declarado del Partido Comunista). Alguna vez (13.02.1973), Teleonce logró reunir para un debate a los sindicalistas archienemigos José Rucci (peronista ortodoxo) y Agustín Tosco (marxista independiente), poco antes que uno muriera asesinado y otro falleciera por atención médica deficiente en la clandestinidad.

En Canal 9, Romay cobijaba a varios peronistas mal vistos por distintos gobiernos (algunos de los cuales, como el animador Osvaldo Papaleo, reaparecido y reciclado recientemente como K, lo insultaron de arriba a abajo cuando López Rega tomó el canal) e incluso a un simpatizante montonero, el actor Norman Briski.

En 1964 Canal 9 se jugó también a hacerle una larga entrevista a Arturo Frondizi aún cuando los amigos radicales de Romay en el gobierno de Illia trataron de coartar esa aparición de todas las formas (Illia era un demócrata en términos de comunicación, pero no todo su entorno pensaba así: la directora de emisoras comerciales del Estado, la poco recordada pero entonces muy influyente profesora Nélida Baigorria, estaba considerada una “dura” en esos temas y le aconsejaba a Illia no ser tan “amplio”).

Da la época de oro a López Rega y los militares

La televisión privada abierta argentina entre 1960-1973 era este mosaico multifacético. Muchos han coincidido en calificar a este periodo como su época de oro, pese a que Buenos Aires tenía apenas tres canales más uno estatal (los servicios de cable, los canales internacionales y las señales de noticias estaban aún en el futuro).

Pero académicos, ideólogos, intelectuales y personalidades de la cultura de esa época −y que ignoraban lo que vendría después− la veían en forma prejuiciosa como una pobre melánge de contenidos intrascendentes, sensibleros,  “escapistas”  o sensacionalistas, apreciación en la que no faltaban a veces componentes ideológicos, precisamente en épocas donde estaba de moda la “teoría de la dependencia” y  la denuncia de los mecanismos de “alienación”, mientras  muchos creían que el derrumbe del capitalismo y la “democracia burguesa” en el mundo estaban a la vuelta de la esquina [8].

Con el tiempo se ha reconocido que esta apreciación sobre el medio era una visión bastante lineal e injusta, pero casi nunca se ha valorado en plenitud a la televisión privada de entonces en relación a sus aspectos  periodísticos políticos y a su pluralismo de la forma en que hemos expuesto aquí.

Naturalmente, esa televisión no estaba exenta de defectos. Fue primero demasiado “lavada” y pasteurizada. Después, desde fines de los 60, se fue al otro extremo, incorporando ingredientes sensacionalistas y cultivando una competencia que no escatimaba golpes bajos (Canal 13 fue el que más consiguió mantener la línea). Ante las cosas que hoy se ven, esos “defectos” sólo despertarían una tenue e irónica sonrisa.

De todas maneras, fue en muchos aspectos  una  muy rica  etapa de la TV, la cual se esfumó de la noche a la mañana cuando el 10.10.1973 el yerno de López Rega, el presidente Raúl Lastiri, colocó “delegados veedores” en los canales y se incautó ilegalmente de sus propiedades. (Los decretos respectivos estaba fechado el 08.08.1973.)

El 01.08.1974, bandas de la Triple A  con la venia (o la pasividad) de la presidenta Isabel Perón, ocuparon además violentamente las instalaciones de los canales con patotas armadas y arrojaron literalmente a los empujones a las calles Cochabamba, Pavón o Castex a los directivos de la administración privada que todavía quedaban. No hubo mejoras artísticas, culturales ni periodísticas ni existió tampoco un ensanchamiento de la libertad de expresión, sino todo lo contrario.

Desde entonces, las emisoras de TV pasaron a ser dirigidas por interventores del peronismo (algunos lopezrreguistas, otros vinculados al sindicalismo ortodoxo), luego por coroneles, comodoros o capitanes (el 9 para el Ejército, el 11 para la Fuerza Aérea y el 13 para la Armada) y finalmente por políticos radicales (el 11 para Renovación y Cambio y el 13 para la Coordinadora: el futuro K Leopoldo Moreau y el “Coti” Nosiglia eran –respectivamente– sus comisarios políticos).

La independencia de los canales desapareció por completo y la parte periodística era una combinación de oficialismo, censura y propaganda (la situación cambió en la época de Alfonsín, pero aun así los canales que permanecieron en manos del Estado no se privaron de “bajar línea” radical hasta donde pudieron).

La ubicuidad noticiosa de los canales privados que, desde fines de los 60, implicaba mandar a la calle a sus reporteros para cubrir eventos políticos o sociales desapareció casi por completo a fines de 1973. Los canales ya no eran libres para cubrir notas en cualquier lugar ni para entrevistar a quien quisieran.

Desde 1974 y hasta 1983 no se hicieron libremente notas en exteriores que tuvieran algún ribete político. En los casos en que se llevaban a cabo, eran claramente notas “lavadas” u  operaciones de propaganda cuidadosamente controladas por los funcionarios.

Nota televisiva típica de la época de la televisión estatal del gobierno militar, efectuada probablemente el 09.1977 o quizás al mes siguiente (la fecha proporcionada por el Archivo DiFilm en YouTube, que señala “1973”, está equivocada). Canal 13 de Buenos Aires, en manos de la Armada, muestra el descubrimiento de una casa “refugio de subversivos” en la calle Ortiz de Zárate 6260, barrio Peralta Ramos Oeste de Mar del Plata.
El ambiente es estático, lúgubre y las cámaras muestran sólo lo que les permiten, con un relato igualmente “preparado”, todo lo cual no hace sino acentuar su carácter de nota censurada y propagandística. Ya no se ven los reporteros característicos de la época de la TV privada que se movilizaban por todo el lugar y entrevistaban agresivamente a las fuentes. La nota no está a cargo de los reporteros habituales de Canal 13, sino de un periodista desconocido (algunos “reporteros” que se desempeñaban en esta época estaban vinculados con la inteligencia militar). El reportero, que en todo momento habla él solo, señala que “se nos dice” que se ha descubierto “un refugio de subversivos”, un sótano para secuestrados y un taller de fabricación de armas (minuto 0:20 a 0:32). Agrega que “en esta casita, sencilla, habitaba un matrimonio […] Él respondía al nombre de ‘Cacho’ y trabajaba aparentemente de mecánico. Ella, Silvia, maestra, daba clases particulares […] Tenían un bebé, de 9 meses de edad, llamado Carlitos. Habitaban esta casa desde aproximadamente tres años […] Hacían reparaciones de automóviles y así encubrían su verdadera actividad”  (0:33 a 1:33)
En ningún momento de la nota se menciona qué ocurrió con el matrimonio, si fueron detenidos, si estaban ausentes, si escaparon o si resultaron muertos. Tampoco se indica si hubo algún tipo de enfrentamiento.
Como se verá a continuación, la nota omite que se realizó un allanamiento por personal civil de grandes proporciones (donde no hubo enfrentamiento armado) y el cual fue sin duda observado por los vecinos. En el transcurso de esta acción no solamente fue “detenido” el hombre del matrimonio, “Cacho” y su mujer, sino también dos personas más que el reportero ni siquiera menciona (una relacionada con el matrimonio y un visitante ocasional en el taller mecánico sin conexión con los otros). Silvia, la esposa de “Cacho” (mencionada como habitando la casa con su marido) fue, en cambio, “detenida” en otro lugar. Todas estas omisiones, sin embargo, son datos esenciales de cualquier nota periodística libre y profesionalmente confeccionada y, por lo tanto, sería inconcebible que el periodista los ignorase o los pasase por alto.
El reportero se limita a proporcionar la versión militar (sólo atribuyéndola como tal hacia final de la nota), la cual se centra en el descubrimiento del “refugio”, del “sótano para secuestrados” y de “taller donde se elaboraban sofisticadas armas” . No hace ninguna pregunta a ninguna autoridad (que ni siquiera están presentes en la escena), ni a testigos, ni a los vecinos del lugar, quienes fueron alentados por los militares a ver la “exhibición de las armas que se fabricaban en el taller” en el patio de la casa. La nota muestra a esos vecinos, que en ningún momento emiten palabra. Varios tienen un gesto extraño y en lugar de mirar las armas expuestas miran a las cámaras, mientras el cronista dice que esos vecinos estaban “asombrados […] [de constatar que] donde ellos jamás lo podrían imaginar, se estaba fabricando este armamento, sofisticado en algunos casos, para ser empleado por la subversión” (3:37 a 3:57).
No es posible saber si en la casa había verdaderamente una fábrica de armas y un sótano para secuestrados o se trató de una situación fraguada. Al menos un testigo de la causa dijo que había ido al sótano y que nunca había visto nada extraño.
El reportero pide también “colaboración” a un soldado presente (quien tampoco habla) (1:16) para mostrar un pasaje secreto que lleva a los sótanos donde presuntamente se fabricaban las armas y en el cual, dice el periodista, también se mantuvo a una persona en cautiverio. Luego cita partes del “Comunicado No. 201 que nos entrega la Zona 1” (4:45). El periodista, citando el comunicado, informa que se trataba de “elementos subversivos autodenominados Montoneros” (5:03).
Los datos disponibles hoy (si nos atenemos al Juicio Base Naval II, fallo 15.02.2013) señalan que el matrimonio estaba integrado por Juan Manuel Barboza Mosconi (29 años) y Silvia Elvira Ibáñez Rodríguez (27) −embarazada−, ambos militantes del maoísta y clandestino Partido Comunista Marxista Leninista (PCML) (no de los Montoneros), cuyos miembros −aunque no todos− ejercían la violencia armada desde 1975. Dice el fallo que cerca de las 17:00 del 09.09.1977 “irrumpió en la vivienda [la casa- taller de Ortiz de Zárate 6260] un numeroso grupo de personas fuertemente armadas y vestidas de civil, quienes sin exhibir ningún tipo de orden legal, procedieron a reducir violentamente y someter a golpes a las víctimas, interrogándolos con respecto a personas determinadas y a la existencia de un campo”.
Ese 09.09.1977 Juan Barboza fue “detenido” en esa casa-taller, donde también se encontraba su vecino José Adhemar Changazzo, con vivienda en Ortiz de Zarate 6220 (ni el domicilio ni la persona es mencionado por Canal 13). Changazzo −igualmente miembro del PCML y que por esta razón estaba relacionado con Barboza− fue también “detenido”. Al mismo tiempo fue “detenido” en la misma casa-taller un cliente ocasional verdadero, Luis Alberto Martínez, tampoco mencionado por el reportero. Silvia Ibáñez, en cambio, fue “detenida” con su hijo Carlitos al bajar de un colectivo cuando se dirigía a su casa. Excepto el hijo de la mujer (quien fue dejado en manos de un vecino), todos fueron llevados al centro de detención clandestino de la Base Naval de Mar del Plata. Pese a la nota de Canal 13, ninguna autoridad reconoció que se encontraban en poder de las fuerzas de seguridad.
Martínez, el visitante ocasional, fue liberado esa misma noche, bajo amenazas de que no contara nada. El matrimonio Barboza-Ibáñez −que aparentemente fue visto por testigos en el centro clandestino aún en 1978− pasó a la condición de desaparecidos. En cambio, Changazzo −que, como se indicó, nunca fue mencionado en la nota− apareció muerto, junto a tres personas más, en otro lugar de Mar del Plata el 17.11.1977, uno o dos meses después de la nota. Las autoridades dijeron que pereció en un enfrentamiento, lo que evidentemente no era cierto. Quiere decir que en el momento en que Canal 13 produjo y transmitió esta nota, tanto el matrimonio Barboza-Ibáñez como Changazzo se encontraban vivos bajo custodia clandestina (Archivo DiFilm).

Quién sabe si, de haber persistido la presencia libre del periodismo de TV en las calles o interpelando con preguntas independientes a funcionarios,  opositores o ciudadanos luego de 1973, hubiera servido para evitar el golpe y facilitado un recambio institucional por las urnas en 1977, así como para concientizar adecuadamente a la audiencia de las verdaderas dimensiones de las aberraciones que cometían tanto la guerrilla como la represión.  Por supuesto, como toda hipótesis contrafáctica es una especulación que, además, debe tener en cuenta muchas otras variables contextuales.

Los competidores de Romay: suerte para la desgracia

La saga de Romay, con sus medios cancelados, confiscados o sujetos a bombas, no dejó de parecerse a la de sus colegas y competidores Goar Mestre y Héctor Ricardo García, los popes de la TV privada de entonces.

Como diría el personaje de “Pepe” Biondi –a quien el titular de Canal 13 repatrió desde Cuba– Goar Mestre tuvo una verdadera suerte para la desgracia, al menos en materia de canales de TV. Y no sólo en la Argentina.

“Pepe” Biondi: “¡Qué suerte para la desgracia!” (fotograma de la película Patafúpete, 1967)

En 1960 Mestre sufrió la confiscación de su CMQ-TV Canal 6 de La Habana por Fidel Castro, pese a que había apoyado inicialmente a Castro en la revolución para deshacerse de Fulgencio Batista. El guerrillero cubano parecía perfilarse ante gran parte de la opinión pública como un caudillo que buscaba liberar a su país de una dictadura;  no fueron muchos los que advirtieron que venía a imponer otra.

Complejo Radiocentro y CMQ Televisión, que Goar Mestre operó en La Habana hasta 1960.
Complejo Radiocentro y CMQ Televisión, que Goar Mestre operó en La Habana hasta 1960.

Como Mestre había desafiado a Fulgencio Batista hasta donde pudo, las autoridades fidelistas no podían acusar al canal de “esbirro batistiano” y debieron confiscarlo en último lugar, sin ningún tipo de explicación de fondo, pero usando como excusa una alocución que estaba a punto de dar un comentarista opuesto a Castro, Luis Conte Agüero. Bien le podrían haber dicho a Mestre, como le manifestó el “Ché” Guevara al entonces magnate del azúcar de la isla, Julio Lobo: “Chico, tu has pagado los impuestos, no hay problemas con tus trabajadores y tu productividad es excelente… pero te tenemos que nacionalizar…¡Es que somos comunistas!”[9]

Mestre vino a la Argentina y fundó el recordado LS85-TV Canal 13 Rio de la Plata TV, que logró estar por años al tope de la audiencia, con un sistema “industrial” de producción de TV carente de improvisaciones, sin recurrir al sensacionalismo y  con un target muy orientado al imaginario de la clase media (pese a lo cual era el más sintonizado en todos los segmentos).

También desarrolló un servicio informativo que, en especial desde 1969 a 1973,  cubrió excelentemente y en forma independiente el acontecer político, sin preocuparse de caer bien a ningún gobierno. Contra todo pronóstico, el canal de un exiliado anticastrista cubano terminó siendo uno de los medios masivos más plurales de la Argentina.

Mestre, quien siempre mantenía un muy bajo perfil −al contrario de la alta visibilidad de Romay y la moderada de García−, era una persona metódica y extremadamente lúcida. En muchos aspectos, como empresario de la comunicación, se adelantó a su tiempo: antes de la nacionalización de los canales intentó introducir tempranamente  la televisión en color y desarrollar servicios de cable.

La placa de identificación de Canal 13 en los años 60
La placa de identificación de Canal 13 en los años 60 (captura de pantalla de la señal Volver)
El símbolo de Canal 13, el Telepibe, también en los 60
El símbolo de Canal 13, el Telepibe, también en los 60
El logo de Proartel SA se colocaba siempre al final de cada programa de Canal 13 en la era privada (captura de pantalla tomada de la señal Volver correspondiente a un programa de 1966).
El logo de la productora Proartel SA se colocaba siempre al final de cada programa de Canal 13 en la era privada (captura de pantalla tomada de la señal Volver correspondiente a un programa de 1966).

El jingle de Canal 13 usado desde 1967 en la época de Goar Mestre  y que continuó siendo empleado ocasionalmente en la etapa de intervención estatal (compuesto por Eduardo Schejtman y cantado por Jorge Cutello. Tomado del canal de Youtube de Schejtman, https://www.youtube.com/user/eduardoschejtman)

Sin embargo, como le ocurrió a Romay, Canal 13 fue sometido a “veedores” en 1973, ocupado e intervenido por huestes de López Rega en 1974, luego por militares y finalmente por funcionarios radicales. Por supuesto, Mestre nunca recuperó la estación y ni siquiera le pagaron completamente la disminuida compensación que en 1979 le ofrecieron los militares por la incautación y su ocupación continuada durante un lustro.

Presumiblemente una parte de esa indemnización se la robó el funcionario militar que le hizo entrega del dinero (y/o su cadena previa de mandos). “Le tengo que dar 300.000 dólares menos [de lo que establece el decreto que fijaba la compensación] porque estamos cortos”, le dijo sin ruborizarse el uniformado. Para colmo, sus ex socios de Editorial Atlántida −la que apoyaba a los militares vehiculizando desde 1976 propaganda elaborada por los servicios de inteligencia y que había comprado una parte minoritaria de Canal 13 en 1972−, en contra de lo convenido, trataron de negociar a espaldas de Mestre una indemnización propia con el gobierno militar. Mestre nunca volvió a hablar con ellos[10].

En medio de todo esto, uno de los colaboradores de Mestre en el canal, el también exiliado cubano Juan Pallí, estuvo desaparecido por unos días, secuestrado por los militares en relación con esta transacción. Sugestivamente dijo después: “Soy de origen conservador y hasta antidemocrático y dudé alguna vez del sufragio universal. Fui un soñador de derecha. Hubo dos cosas que me hicieron respetar las urnas: la primera cuando Kennedy le ganó a Nixon […] La segunda, cuando el gobierno militar me metió preso. Fue una experiencia indescriptible saber lo que es la picana eléctrica, ver gente golpeada, abusos de poder, oír expresiones antisemitas...” [11]

En 1989 Canal 13 fue privatizado y adjudicado al Grupo Clarín, que lo mantiene hasta hoy. Luego de la Ley de Medios y ya con los K, Canal 13 (hoy El Trece) fue amenazado otra vez por la guadaña de la intervención, su desincorporación del grupo o la venta forzada a partidarios del gobierno.

Pero la pérdida de CMQ-TV en Cuba y  la  subsiguiente  de  Canal 13 de Buenos Aires no  fueron  los únicos ensañamientos de la mala suerte con Mestre. A mediados de los 60 se había asociado con los hermanos peruanos Delgado Parker para operar el Canal 5 de Lima, Panamericana Televisión. A tres años de asumir, el gobierno militar socialista del general Juan Velasco Alvarado le confiscó en 1971 (también sin compensación) el canal a los Delgado Parker-Mestre en el marco de un plan donde se estatizaron todos los diarios, los canales y la mayoría de las emisoras radiales de Lima. La censura, el oficialismo y la propaganda estuvieron a la orden del día. La gente pensaba que todos los medios decían lo mismo y llamaron burlonamente al periodismo peruano de entonces “prensa parametrada” (Velasco había dicho que había plena libertad de expresión “dentro de los parámetros de la revolución”).

Panamericana TV Lima

Los Delgado Parker no tuvieron mejor idea que mudarse a Buenos Aires para seguir asociados con Mestre, donde alquilaron los viejos estudios de la empresa de cine Argentina Sono Film en Martínez para armar la productora Panamericana TV SA (Argentina). Pero en 1974 esta compañía… fue también intervenida con notoria ilegalidad por el peronismo (no se trataba siquiera de un canal, sino de una realizadora de programas no sujeta al régimen de licencias; además el gobierno se quedó con el único conversor de TV color NTSC y PAL a blanco/negro que existía en el país; aun no había emisiones cromáticas en Argentina. El destino final de ese equipo se desconoce aun cuatro décadas después.)

Hubo más desgracias televisivas para Mestre. A fines de los 60, en sociedad con partners locales, lanzó la Cadena Venezolana de Televisión (Canal 8). La red tuvo problemas técnicos y operativos de distinto tipo. Con la asunción del socialdemócrata populista Carlos Andrés Pérez, cuya plataforma pregonaba el control de los medios privados, los dueños de la cadena se vieron forzadas a venderla al Estado en 1974 (pasó a llamarse Venezolana de Televisión a secas y hoy es el canal emblemático del chavismo). Mestre perdía el cuarto canal que había fundado o contribuido a impulsar en América Latina en una década y media.

 CVTV Venezuela                        VTV

Logo de la Cadena Venezolana de Televisión, en su época privada, a fines de los 60 (izq.) y el actual de Venezolana de Televisión como estación estatal.

Aún tuvo una frustración más, aunque en este caso sólo perdió una oportunidad. La CBS y Mestre convencieron al dictador español Francisco Franco de darles una audiencia en donde discutirían la apertura del primer canal de TV privado en España, a principios de los 60. (Las emisiones audiovisuales eran monopolizadas por la cadena estatal TVE).

A través de un ministro, Franco le pidió al representante de la CBS que la cadena lo “tratara bien” en sus programas de los Estados Unidos a cambio de la concesión de la licencia. Mestre propuso una respuesta de compromiso. Pero el directivo de la CBS dijo muy seriamente que en su cadena se respetaba la integridad de las noticias y que no le podía dar órdenes a sus periodistas de cómo cubrir la información [12].

Esta anécdota, que parece increíble, muestra que algunos ejecutivos de TV podían tener cierto tipo de ética, incluso en la nación donde siempre se ha conceptuado a la TV como un gran negocio. Resultado: Franco cortó las conversaciones y el canal jamás salió al aire. La primera estación privada de TV recién se abrió una década y media después de la muerte del generalísimo.

Pablo Sirvén, secretario de redacción de La Nación, escribió una excelente biografía sobre Mestre, con su colaboración pero sin estar expresamente “autorizada” por el cubano (que nunca se había interesado en plasmar sus memorias, pese a las insólitas peripecias de su  vida como empresario de la comunicación) [13]. En ese libro se revelan muchos datos, hechos y situaciones de su carrera en todo el continente que de otro modo tal vez se hubieran ido a la tumba con Mestre, quien falleció en Buenos Aires el 23.03.1994 a los 82 años.

Primera edición de la biografía de Goar Mestre escrita por Pablo Sirvén
Primera edición de la biografía de Goar Mestre escrita por Pablo Sirvén

Por su parte, Héctor Ricardo García sí  desarrollaría un afán de documentar él mismo sus actividades, quizás porque al contrario de Romay y Mestre, ejerció el periodismo, haciéndolo como fotógrafo y reportero. Escribió una autobiografía cuyo nombre lo dice todo: Cien veces me quisieron matar (1993)[14] a la que luego amplió con otra más extensa: La culpa la  tuve yo (2012)[15].

Una de las dos autobiografías de Héctor Ricardo García. Con la escritura “reporteril” de García −con datos y precisiones muy detallistas− aporta jugosos detalles sobre su carrera y la historia de los medios (2012).

Durante las postrimerías del gobierno del general Alejandro Lanusse, cuando ya operaba el que podría considerarse el primer “multimedio” argentino (Crónica, Radio Colonia y Teleonce, además de salas teatrales),  García fue secuestrado por el ERP (fracción 22 de Agosto o ERP-22).  El hecho tuvo lugar el 08.03.1973, a tres días de las elecciones generales. Los guerrilleros solicitaron la inclusión de una proclama en Crónica, la cual fue inmediatamente publicada. El empresario fue liberado al día siguiente.

En realidad, el filoperonista García había trabajado (y prosperado)  sin grandes problemas en la Argentina antiperonista y  sus  verdaderas  desgracias −paradójicamente− comenzaron cuando el peronismo accedió al poder. Como sus competidores, padeció  entre  1973-74  a los “veedores” gubernamentales  y luego la confiscación  violenta e intervención plena de Teleonce que se prolongaría por largos años.

Las cámaras de Teleonce, que se utilizaron entre 1961 y unos años después de la estatización de 1973-74.
Las cámaras de Teleonce, que se utilizaron entre 1961 y unos años después de la estatización de 1973-74. (captura de  TV, 1967)
Teleonce
La placa identificatoria de Teleonce en los 60 y parte de los 70

El gobierno peronista también se enfocó contra Radio Colonia, la emisora uruguaya de García que con los informativos de Ariel Delgado difundía noticias (fundamentalmente policiales y politicas) que escapaban a la censura o autocensura informativa argentina. Con  su particular impostación de voz Delgado anunciaba: “¡Hay más informaciones para este boletín!”

Aviso de Radio Colonia en los años 70 (extraído de Urgente24.com)
Aviso de Radio Colonia en los años 70 (extraído de Urgente24.com)

Primero,  se recurrió a un método insólito. A partir de mediados de 1973, desde la planta transmisora de la Secretaría de Comunicaciones en General Pacheco, al norte de Buenos Aires, comenzó a emitirse una señal electrónica (una portadora con zumbido) para interferir a Radio Colonia y “taponar” su escucha.

La interferencia intencional se producía sólo en determinados periodos y generalmente cuando se transmitían los noticieros, aunque en algunas ocasiones fue continua durante varios días. Sin embargo, aún con la interferencia la transmisión era relativamente inteligible (especialmente si se orientaba el receptor para minimizar la señal de General Pacheco -norte/sur- y potenciar la de Colonia -este/oeste-) y no hacía más que aumentar la curiosidad de la audiencia: si había interferencia era porque algo serio estaba ocurriendo.  (Las interferencias cesaron por completo en 1975.)

Después, se dictó un decreto que  determinaba  sanciones para las empresas argentinas que pusieran avisos en medios extranjeros; por supuesto que no estaba dirigido contra −por ejemplo− el comerciante de Colón (Entre Ríos) que colocaba avisos en una radio uruguaya de Paysandú; la norma apuntaba exclusivamente contra Radio Colonia. Como la emisora difundía desde Uruguay su programación para Buenos Aires, privarla de avisos argentinos implicaba su agonía comercial. Pero el decreto se cumplió a medias y la estación logró subsistir.

En 1974 la emisora fue clausurada por 10 días por el presidente uruguayo Juan María Bordaberry, quien reconoció que la sanción se había adoptado “por pedido de las autoridades argentinas” (aún estaba en la Casa Rosada Juan Perón).

Luego, ya con Isabel Perón a cargo del poder ejecutivo, el gobierno se metió también con el diario Crónica, al que se le había retirado la publicidad oficial en 1973. El mismo diario donde escribían peronistas como Américo Barrios y otros periodistas de esa filiación fue clausurado al año siguiente  con la excusa de que promovía una “invasión” a las islas Malvinas. Al poco tiempo se las ingenió para volver a sacar Crónica pero con otro nombre: Última Hora. Luego, retornó a su nombre original.

Como Romay, García también se dedicó al teatro. En 1975 la Triple A colocó una bomba en el Teatro Estrellas, que resultó en la muerte de dos operarios. El explosivo, que estaba dirigido contra la actriz “Nacha” Guevara, provocó la destrucción parcial de la instalación. La sala fue reconstruida y volvió a funcionar por un tiempo.

 Entrada del Teatro Estrellas de García de un recital del grupo de rock Vox Dei
Entrada del Teatro Estrellas de García para un recital del grupo de rock Vox Dei (1976)

Las desgracias de García también continuaron con el gobierno militar. Inmediatamente tras el golpe de Estado de 1976 García fue detenido por 11 días porque Ariel Delgado  reveló a través de Radio Colonia que la depuesta Isabel había sido  arrestada y conducida a la residencia El Messidor, en Bariloche. Al poco tiempo, cuando Crónica informó sobre la muerte en un procedimiento  del jefe del ERP, Roberto Mario Santucho, fueron a parar a la cárcel  directivos del diario y García debió ocultarse por casi un mes.

Mientras tanto,  Delgado informaba a través de Radio Colonia sobre los desaparecidos y otros asuntos acerca de los cuales el gobierno militar mantenía censura.

Impactante informativo de Ariel Delgado de 05.1979 donde informa sobre la aparición constante de cadáveres en las costas uruguayas. Se trataba de personas que habían “desaparecido” por acción de las fuerzas armadas argentinas y que tras ser torturadas y sometidas a cautiverio clandestino, terminaban arrojadas al vacío desde aviones militares, en lo que más adelante se conocería como “los vuelos de la muerte” (transmisión de CW1 Radio Colonia, AM 550 kHz, recibida y grabada por mí en Buenos Aires – de mi colección particular de audios – Favor de indicar como fuente Blog CMS -Roberto H. Iglesias – Buenos Aires, en caso de reproducción en otro sitio web, con un enlace a esta página)

La presión sobre García fue insoportable y finalmente en 1979 −meses después de la transmisión del informativo reproducido arriba−, debió vender la emisora uruguaya a Mario Kaminsky, propietario de la discográfica argentina Microfón SA (que hasta años atrás pertenecía al propio García).

Kaminsky intentó mantener a Delgado, pero a diferencia de García era más receptivo a los frecuentes pedidos de los militares argentinos sobre censura de información. Finalmente, dos uniformados llamaron a las oficinas de Microfón en Buenos Aires y le dijeron a Kaminsky: “¡si ese hijo de puta [por Ariel Delgado] lee una noticia más, usted muere!”[16]. Así terminó la carrera de Delgado en Radio Colonia, quien luego se exilió. (Radio Colonia fue vendida en 1989 a un consorcio integrado entre otros por los propietarios de Casa Tía y LAPA. Delgado volvió al Río de la Plata en los años 80.)

Mientras tanto, los militares forzaron a García a aceptar también una compensación mínima por la estatización de Teleonce.  La suma equivalía a pagar unos exiguos 200 dólares por cada hora que el gobierno había ocupado el canal a lo largo de un lustro (suponiendo un funcionamiento de 15 horas diarias). El empresario resolvió darse por vencido y aceptar lo que le daban. “Mire García, los juicios son largos […] le conviene aceptar”, le dijo el entonces secretario de Información Pública, el general Antonio Llamas[17].

La ofensiva contra García alcanzó también sus salas teatrales. El último día de 1977  se produjo un incendio −nunca se supo si accidental o provocado− en su Teatro Astros. Según el empresario, se estaba dando en ese entonces un espectáculo de revista que incluía algunas sátiras a los militares y hasta “referencias a los derechos humanos”. A los 10 meses, otro misterioso incendio destruyó nuevamente el Teatro Estrellas,  que fue cerrado y abandonado (hoy funcionan allí −Riobamba 280− los estudios de Crónica TV). Finalmente, García terminaría perdiendo interés por la actividad teatral.

Para 1980, se había quedado exclusivamente con Crónica, que sufrió durante el gobierno militar algunas clausuras temporarias. En ese mismo año los militares sancionaron una Ley de Radiodifusión, uno de cuyos artículos prohibía −a futuro− que una misma persona o entidad operara simultáneamente una emisora (radio o TV) y un diario.

El atribulado empresario cuenta que se encontró una vez con el almirante Emilio Massera, quien le dijo: “ese artículo lo agregamos por usted, García: no podíamos dejarlo retornar”[18]. La redacción del texto correspondiente en la ley (la frase final del artículo 45 “e” de la Ley 22285), efectivamente, parece haber sido un agregado de último momento, aunque no puede establecerse fehacientemente si el único objetivo fue perjudicar a García.

El artículo fue resistido por ADEPA, Clarín y otros medios gráficos, quienes durante años publicaron solicitadas en su contra, hasta que fue derogado durante el gobierno de Carlos Menem en 1989. Esto le posibilitó a Clarín “blanquear” su operación de Radio Mitre y ganar el concurso para Canal 13, el antiguo canal de Mestre.

Aunque García jamás recuperó Canal 11, hacia finales de los años 80 encontró otra forma de acceder a la televisión. Durante su retirada el gobierno militar había adjudicado la onda del intervenido Canal 2 de La Plata a un productor de radio peronista de buena relación con los militares, asociado a una diplomática vinculada con el ejército. Pero ninguno tenía la capacidad económica de comenzar las transmisiones. Fue así que, ante el vencimiento de los plazos fijados en el concurso, García ofreció hacerse cargo del canal.

El 18.11.1987 y dirigido por García surgió Teledós, que según su identificación transmitía “desde La Plata, República Argentina, el mejor país del mundo“, expresión que se enmarcaba dentro del mejor estilo populista de García. El propietario de Crónica consiguió el milagro de situar a esta emisora −de recepción difícil en Buenos Aires, aunque logró mejorar su antena de Florencio Varela− en el segundo lugar luego del Canal 9, que ya era operado nuevamente por Romay.

Identificación de Teledós (1988) (usuario de YouTube Agustín Ferrari)

Aunque el acuerdo entre García y los adjudicatarios de la onda no se ajustaba a la ley (no se puede ceder la explotación a terceros), García terminó peleado con estos últimos por supuestos incumplimientos en lo pactado. Al año y medio quedó otra vez excluido de la TV.

(Eduardo Eurnekian terminó comprando el canal en 1991, que terminó funcionando como la quinta estación abierta porteña. En 2000 pasó a manos de Carlos Ávila −de Torneos y Competencias SA− y a partir de 2002 sus acciones fueron transferidas crecientemente al grupo Vila-Manzano, con una participación minoritaria de Ávila −que luego vendió− y posteriormente ingresó Francisco de Narváez,  también  como socio minoritario de Vila-Manzano. Sin embargo, aún después de 2000, García alegaba derechos sobre el canal.)

Gracias a que no se requieren licencias para las señales de cable, García logró poner en el aire en 1994 su canal de noticias Crónica TV, conocida por sus placas rojas (o negras en casos de muertes importantes o grandes tragedias) y sus titulares irónicos. La señal debió luchar con una ubicación desfavorable en las grillas de cable, hasta que finalmente Cablevisión, Multicanal y Telecentro la ubicaron entre las primeras.

Tuvo buenos índices de sintonía para una señal de su tipo, pero −al igual que el diario histórico del mismo nombre− cultivó el sensacionalismo en grados superlativos y su periodismo distaba de seguir prácticas de calidad. Sin embargo tuvo un mérito: sus móviles no dejaban noticia policial sin cubrir y a veces llegaban antes que la misma policía; incluso se decía que las comisarías tenían un televisor permanentemente sintonizado con la señal de Crónica TV. Sus “placas” bizarras, si bien no hacían aportes al periodismo “serio” constituían en ocasiones −como muchos titulares del diario− verdaderos hallazgos humorísticos.

placa cronica Placa roja

Placa negra cronica

           Las placas de Crónica TV

Con el kirchnerismo en el poder, García fue acusado en 2005 de evasión de impuestos por la AFIP. El organismo impositivo pedía seis años de cárcel y el empresario llegó a estar siete meses en prisión domiciliaria. El creador de Teleonce, Crónica y Crónica TV sostuvo siempre que era inocente.

En medio de esta situación, el diario Crónica y El Atlántico de Mar del Plata (comprado por García en 1979) fueron vendidos ese 2005 al Grupo Olmos, los gerenciadores de la obra social del sindicato UOM, que hasta el día de hoy permanece alineado con el gobierno K. El diario tuvo una conversión súbita a un estilo que García, aun con todos los cuestionamientos que se le podían hacer, nunca había practicado: el oficialismo.

Evidentemente cansado, terminó también cediendo en 2012 Crónica TV al kirchnerismo y la administración de la señal noticiosa pasó también al Grupo Olmos (aunque García posee alguna injerencia en la programación). Crónica TV también se convirtió en un medio oficialista. En ese mismo año la justicia lo absolvió en la causa por evasión impositiva.

Riesgos pasados y latentes

En conclusión, aunque ni Romay ni ninguno de sus competidores (u otros propietarios de medios) terminaron en la pobreza o en la miseria,  resulta claro que en innumerables momentos debieron operar en una Argentina donde, a partir del poder del Estado, se los perjudicó, despojó y coartaron sus proyectos de mil formas. Debe recordarse una vez más que la actividad de estos medios se llevó adelante en marcos en general bastante competitivos y no monopólicos u oligopólicos (pese a que a veces se diga lo contrario); si bien es cierto también que por muchos años el gobierno casi no llamó a concurso para otorgar licencias adicionales de TV abierta que podrían haber  iniciado nuevas modalidades de programación.

Las medidas gubernamentales que buscaron, en distintos momentos, perjudicar a Romay u otros propietarios de medios provocaron efectos devastadores no solo para ellos y su personal sino también para el mismo desarrollo de los medios de comunicación, la libertad de expresión y el propio concepto de seguridad jurídica de un país.

Aunque todos estos propietarios y medios tuvieron sus errores y defectos –y algunas de sus fórmulas decayeron tras haber sido superadas por la dinámica del mercado comunicacional–, las acciones gubernamentales les generaron daños y pérdidas muy concretas.

Y esas acciones fueron motivadas casi siempre más por sus aciertos (popularidad, influencia, periodismo) que por sus falencias y estuvo dirigida esencialmente a acallar las voces que a través de ellos se expresaban e imponer modelos de control político y comunicacional más o menos autoritarios. Después de cada una de estas medidas, nunca hubo más libertad de expresión que la imperante sino menos.

Esta situación sigue vigente al día de hoy, no sólo con el intento hasta ahora fallido de desmantelar al Grupo Clarín, sino con los problemas con los que también se enfrentan algunos medios medianos o pequeños –por ejemplo, las emisoras locales– que resultan perjudicados por el reparto de la publicidad oficial, los manejos de licencias o permisos, las presiones extralegales oficiales para que alteren su línea editorial o programática, la creación de competencia desleal de medios progubernamentales de propaganda subvencionados y muchas otras medidas. (Ante las presiones, algunos medios resisten y otros se dejan cooptar en distintos grados; dado que se juegan su propia subsistencia o inversión, no siempre es fácil determinar quién es víctima y quién es cómplice de estas situaciones.)

En la Argentina actual –y veremos qué ocurre con los actuales concursos de canales de TV, la futura regularización de las miles de emisoras sin permiso y el reparto del dinero de los avisos del gobierno– el riesgo de un medio de no poder salir al aire, de terminar cerrado, sin licencia o enajenado a favor de amigos del gobierno, de padecer inclusiones o exclusiones inducidas de comunicadores o contenidos, o bien  de perder su inversión o capital de operación –a partir de medidas discrecionales impulsadas desde esferas oficiales– sigue existiendo en forma latente.

Como en tantos otros aspectos de las actividades en el país, se hace necesario que exista un marco de verdadera seguridad jurídica, así como libertad de expresión que no genere “castigos” ulteriores y una verdadera competencia comunicacional que no implique privilegios ni exclusiones y donde no existan barreras artificiales impuestas al ingreso de nuevos operadores al mercado.

Volviendo a Romay: ¿Me venís a ver a mí?

Romay 1992

La única vez que lo vi y hablé personalmente con Romay fue en 1996, en un acto en la OEA, en Washington, donde se le entregaba un premio al escritor Adolfo Bioy Casares. Al notar que lo miraba, Romay se dirigió directamente a donde yo estaba y me preguntó, iniciando el contacto, siempre con su aire histriónico y voz estentórea: ¿me venís a ver a mí? .

Sin conocerme ni saber quién era, Romay fue capaz de dedicarme uno de sus largos monólogos, pese a que él tenía que conducir el evento y era aun una persona “importante” en la Argentina. En ningún momento pude introducir ni un bocadillo, mientras me hablaba de muchas cosas: algunas importantes (su canal en Estados Unidos, la situación argentina) y otras más ocasionales. Esta anécdota, que constituye mi recuerdo del “zar”, lo sigue pintando de cuerpo entero. Como personaje histórico de la comunicación, todavía me hubiera gustado preguntarle muchas cosas+.

Interesante entrevista a Alejandro Romay donde cuenta cómo adquirió Radio Libertad (1957/58) y Canal 9 (1963) (Programa Hola Susana, Telefé, 1997).

Siempre un personaje (fecha desconocida, probablemente fines de los 80) (usuario de You Tube Marcos Gómez)

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– Las fotos de Alejandro Romay sin indicación de crédito fueron tomadas de su autobiografía MemoriZar, Buenos Aires, Tiempos Editoriales, 2007.

MemoriZar, la autobiografía de Alejandro Romay, Escrita muy en su estilo, es un libro donde dominan las anécdotas y fotos, pero contiene datos muy interesantes sobre su larga carrera en los medios de comunicación.
MemoriZar, la autobiografía de Alejandro Romay. Escrita muy en su estilo, es un libro donde predominan las anécdotas y las fotos, pero contiene datos interesantes sobre su larga carrera en los medios de comunicación.

– Los fotogramas y videos de notas fílmicas de los noticieros televisivos que corresponden al Archivo DiFilm, fundado por Roberto DiChiara, pueden verse en su canal en YouTube (difilmargentina o archivodichiara). Se trata de un archivo privado que atesora numeroso material que los canales decidieron no guardar o de tomas de aire. Su web es http://www.difilm-argentina.com y su e-mail es difilm@sinectis.com.ar, donde se puede requerir más información o adquirir material.

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[1] Las licencias de los canales 9, 11 y 13 de Buenos Aires habían sido adjudicadas por un concurso público en 1957. Canal 9 y Canal 13 comenzaron a transmitir en 1960 y Canal 11 en 1961. Las licencias duraban apenas 15 años. No resultaba claro si al término de estos periodos las licencias podían ser renovadas por sus mismos titulares o debía llamarse nuevamente a concurso para readjudicar las ondas. Por otro lado, la normativa legal tampoco era precisa acerca de si los plazos debían contarse desde la adjudicación de la licencia o desde el inicio de las emisiones regulares. Mientras esto se debatía en los tribunales, el peronismo declaró por decreto el 08.10.1973 las licencias vencidas, pero no llamó a nuevos concursos sino que colocó interventores en los canales cuyas atribuciones eran las de actuar como “veedores” junto a unos disminuidos licenciatarios privados. El 01. 08.1974 se nombraron interventores plenos y los canales pasaron a ser controlados completamente por el Estado, apoderándose también el gobierno de las instalaciones físicas. Todo esto se hizo sin ninguna ley que declarara la expropiación formal de las televisoras. El apoderamiento de las instalaciones de los canales era notoriamente ilegal: aún si el vencimiento y la no continuidad de las licencias facultaba al Estado a disponer de las ondas, no tenía atribuciones para quedarse con los activos físicos y los equipos de los canales privados.

[2] Teleonce comenzó sus transmisiones en 1961 a cargo de una curiosa asociación entre la Compañía de Jesús (los jesuitas) y la cadena norteamericana ABC. Durante varios años fue el canal privado porteño con menores recursos. Su dirección estuvo por casi una década en manos del abogado católico Pedro Simoncini. Si bien no era un canal de tono religioso se identificaba como “el canal de la familia”. Por varios años tuvo pocos programas en vivo y exhibía mucho material “enlatado”, principalmente películas y series de la misma ABC. Sin embargo, Teleonce contó con uno de los noticieros más sintonizados: El Repórter Esso, un sobrio espacio de 15 minutos donde se leían informaciones de la agencia United Press International (UPI) en tono serio y “objetivo”, ilustradas con material fílmico pero con escasas entrevistas o salidas a la calle. (Fue discontinuado en 1969.) Hacia 1967-68 el canal hizo un gran esfuerzo por posicionarse competitivamente con programación propia y puso en el aire a “Tato” Bores, shows musicales, varios programas cómicos y un policial con actores de primer nivel que hizo historia: Cosa Juzgada. Finalmente, en 1970, el canal fue adquirido por Héctor Ricardo García, quien le dio un tono más popular.

[3] Pablo Sirvén, El Rey de la TV: Goar Mestre y la historia de la televisión, Buenos Aires, Clarín-Aguilar, 1996, p. 133
[4] De hecho, CBS llegó a recriminarle amargamente alguna vez a Mestre “el tiempo” (y el dinero) que esa cadena norteamericana le estaba dedicando a América Latina. (Pablo Sirvén, El Rey de la TV: Goar Mestre y la historia de la televisión, Buenos Aires, Clarín-Aguilar, 1996, p. 192).

[5] Hubo una excepción notoria que fue la política seguida por el gobierno del general Onganía contra el grupo que en los años 60 manejaba Radio Rivadavia de Buenos Aires y Tevedós (canal 2) de La Plata (de deficiente recepción en Buenos Aires),  a cargo de empresarios radicales. El Grupo Rivadavia-Tevedós también tenía participación en el diario El Mundo, cuya propiedad era compartida con empresarios de izquierda. Debido a que además Radio Rivadavia era la emisora de radio más popular del país –con una excelente cobertura deportiva y periodística–, Onganía temió que se conformara un multimedios que pudiera servir como vehículo  de expresión para sectores izquierdistas. Canal 2 fue boicoteado de distintas formas para que no pudiera mejorar su antena de emisión, mientras a El Mundo se le cortaron créditos bancarios que llevar0n a su cierre en 1967. (Este diario El Mundo no tiene relación con el que salió en 1973 y que reflejaba las posiciones del ERP-PRT). En 1968, se denegó arbitrariamente la renovación de su licencia a Radio Rivadavia, pero la fuerte presión pública logró que se diera marcha atrás con la medida. En esa época, Onganía aprovechó también para no renovarle la licencia a Radio Libertad de Romay (que perdió la emisora), medida motivada –en parte– por las simpatías radicales del empresario.

[6] Había algunos antecedentes de periodismo radial independiente y de buena calidad como los de Radio Rivadavia o Radio Colonia (esta última sólo usaba cables de agencia y partes policiales), en ambos casos desde fines de los 50. Pero se trataba de excepciones que confirmaban la regla.

[7] El 28.05.1968 a las 20:00 (hora argentina), el informativo El Reporter Esso, de Teleonce, emitió la cobertura de la detención de un narcotraficante llamado François Chiappe. Su mujer, entrevistada,  dijo ante los micrófonos del canal (en una nota previamente grabada) que había sido torturada por la Policía Federal, como resultado de lo cual perdió su embarazo. Fue probablemente la primera vez en la historia de la TV argentina que una persona afectada por este tipo de hechos lo daba a conocer frente a las cámaras. El acuerdo 145-CONART (organismo regulador de la radiodifusión) del 28.06.1968 le impuso a Teleonce apenas la sanción de “apercibimiento”.  Desde 1971 y hasta 1973 se llegaron a transmitir varias veces, aunque en forma ocasional, declaraciones de estudiantes, sindicalistas o activistas políticos que formularon acusaciones del mismo tipo ante las cámaras de algunos canales. Por otro lado, las entrevistas a testigos o afectados por secuestros o atentados de la guerrilla eran frecuentes en ese periodo.

[8]  Muy representativos de esta visión fueron los dos primeros libros críticos sobre la televisión argentina. Uno de divulgación: Sylvina  Walger y Carlos Ulanovksy, TV Guía negra, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1974 y otro académico: Heriberto Muraro, Neocapitalismo y comunicación de masas, Buenos Aires, EUDEBA, 1974. En esa época salió también un importante artículo pionero que ofrecía una visión crítica: Margarita Graziano, “Los dueños de la TV Argentina” en la también revista pionera Comunicación y Cultura (No. 3). Estos textos iniciaron una corriente de análisis crítico y académico de los medios que hasta ese momento no existía y que fue fundamental para delimitar el campo de los medios de comunicación como objeto de estudio (o de crítica sociopolítica).
Sin embargo, el estudio, debate y análisis sobre la comunicación quedó confinado por mucho tiempo a apenas dos sectores minúsculos: los grandes empresarios de medios (cuyas posturas se limitaban a defender su propio interés) y los académicos que venían  en su mayoría de posturas de izquierda fuertemente dogmáticas (con intensos prejuicios sobre los medios privados y conceptos que implicaban la preponderancia del Estado).
En este contexto y en medio de la puja entre ambos sectores, que de alguna manera reflejaba las tensiones más crudas  de la “guerra fría” global de entonces, la polémica se centraba absorbentemente en si la TV debía ser “privada” o “estatal”. Pero  temas como la  libertad de expresión, la calidad del periodismo, la competencia/convivencia real de medios de distintas características y audiencias, el pluralismo de los medios públicos, la economía de producción de contenidos, el  uso adecuado del espectro radioeléctrico, el régimen de concursos y licencias o los estudios sobre la historia (e historia social) de la comunicación fueron muy poco tratados o directamente ignorados. Mientras tanto, la inmensa mayoría de los políticos o funcionarios de gobierno sólo se interesaban por la comunicación de una manera más bien utilitaria (apoyándose alternativamente en los empresarios o en los académicos) pero sólo hasta el punto de que los medios les sirvieran para ganar elecciones, impulsar su propaganda o permitir poner en desventaja a opositores y críticos. Tampoco había un periodismo independiente o de calidad  que analizara la comunicación más allá del mero espectáculo. (El gobierno militar de 1976-1983, por supuesto, cerró todo debate público y hasta académico al respecto.)
Recién en los últimos lustros han aparecido analistas, periodistas y académicos desvinculados de intereses y posturas empresariales o de posiciones ideológicamente dogmáticas, quienes han logrado darle una mayor rigurosidad e independencia a los estudios, análisis, críticas o informaciones sobre la comunicación (por supuesto, también siguen existiendo posiciones y trabajos acerca del tema motivados fuertemente  por intereses económicos o políticos, tanto entre la academia como en el periodismo).

[9] Hugh Thomas. Cuba or The Pursuit of Freedom, Nueva York,  Da Capo Press, 1971 [1988], p. 1298

[10] Pablo Sirvén, El Rey de la TV: Goar Mestre y la historia de la televisión, Buenos Aires, Clarín-Aguilar, 1996, p. 225-230.

[11] Pablo Sirvén, El Rey de la TV: Goar Mestre y la historia de la televisión, Buenos Aires, Clarín-Aguilar, 1996, p. 220.

[12] Pablo Sirvén, El Rey de la TV: Goar Mestre y la historia de la televisión, Buenos Aires, Clarín-Aguilar, 1996, p. 162-165.

[13] Pablo Sirvén, El Rey de la TV: Goar Mestre y la historia de la televisión, Buenos Aires, Clarín-Aguilar, 1996. Hay una edición más reciente, ligeramente corregida y con un reordenamiento de los capítulos: Pablo Sirvén, El Rey de la TV: Goar Mestre y la pelea entre gobiernos y medios latinoamericanos. A 40 años de la estatización de la televisión, Buenos Aires, Sudamericana, 2013.

[14] Héctor Ricardo García, Cien veces me quisieron matar, Buenos Aires, Planeta, 1993
[15] Héctor Ricardo García, La culpa la tuve yo: militares, ERP, López Rega y AFIP , Buenos Aires, Planeta, 2012.

[16] Blog Señales (Claudio Andrés de Luca) “Murió el locutor y periodista Ariel Delgado, nuestra voz en Radio Colonia” http://seniales.blogspot.com.ar/2009/10/murio-el-locutor-y-periodista-ariel.html (16.10.2009).

[17] Héctor Ricardo García, Cien veces me quisieron matar, Buenos Aires, Planeta, 1993, p. 212-213.

[18] Héctor Ricardo García, Cien veces me quisieron matar, Buenos Aires, Planeta, 1993, p. 217.
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Acerca de Roberto H. Iglesias

Soy periodista, consultor y analista de comunicación.
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2 respuestas a Alejandro Romay, sus competidores, la TV privada y los gobiernos

  1. Jorge Finkielman dijo:

    Yo soy el usuario radiotelefonia de YouTube (me puede encontrar en Facebook, en donde últimamente estoy colorizando fotos de la historia de la radio y la televisión de nuestro país). El video de Romay viene con supresión de unos molestos logos que podrá adivinar cuáles son. En realidad, el programa que estaba levantando, basado en datos que me dio la misma familia de don Alejandro, era uno de Bernardo Neustadt quien había intentando entrevistar a Frondizi poco tiempo antes del golpe de 1966. Parece que hubo un acuerdo periodístico entre la administración radical de entonces y los medios para no dar información acerca de movimientos militares golpistas y parece que Frondizi iba a hablar sobre el asunto. Es por esta razón que Neustadt nunca volvió a trabajar en canal 9 tras la vuelta de Romay. Si quiere, le explico la manera en la que se pueden sacar molestos logos a videos… Saludos.

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    • Estimado Jorge Finkielman, “radiotelefonía”.

      Perdón por la demora en incluir y responder su comentario.

      En primer lugar, conozco y veo cada tanto su canal de YouTube, donde hay muy buen material audiovisual de la historia de la radio y la TV. Conozco también su libro sobre el cine –vía Google Books– y sus artículos en sitios como “Todo Tango”, de los cuales siempre he obtenido informaciones y datos muy interesantes.

      En segundo lugar, lo que usted cuenta sobre el video efectivamente coincide con el tema de la entrevista de Bernardo Neustdat al expresidente Arturo Frondizi el 16.05.1964 en el programa “Incomunicados” de Canal 9 (23 horas).

      Por lo que yo he averiguado, Illia no se oponía a la difusión del programa pero sí personas de segundo nivel del gobierno, como Nélida Baigorria (titular de las emisoras comerciales administradas por el Estado, que le aconsejaban a Illia no tener posturas tan amplias en materia de libertad de expresión).

      Luego de transmitirse la entrevista y respondiendo a esas presiones, Romay despidió a Neustadt. Es que Frondizi estaba considerado el máximo adversario civil del gobierno, lo que para algunos integrantes de la gestión radical significaba “desestabilizador”.

      Ahora bien, si el video hace referencia a todo esto, debió haber sido en 1964 y no en 1966.

      Asimismo, habría que ver por qué Romay le habla a un grupo de periodistas entre los cuales no aparece Neustadt. ¿Eran parte del programa o del equipo periodístico general del canal? ¿O el video de Romay se refiere a un incidente separado y diferente? El tema queda pendiente de mayor investigación.

      Muchas gracias por su interés y su aporte al blog.

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