El despido de Víctor Hugo Morales: ¿fue censura?

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En ocasión de la marcha para repudiar su despido de Radio Continental, Victor Hugo Morales aparece en la señal C5N con un cartel que denuncia el vaciamiento del grupo de medios de Sergio Szpolski. Se trata del empresario K que armó y financió su estructura de medios con la asignación discrecional de los dineros públicos de la pauta oficial, modelo que el periodista uruguayo convalidó expresamente con su prédica (captura de pantalla) 

Roberto H. Iglesias.- Ante nosotros tenemos la siguiente sucesión de casos en los medios argentinos:

Caso A) – Año 2016:

Radio Continental, empresa privada, echa a Víctor Hugo Morales (VHM). El afectado y los sectores K dicen que se trata de censura, pero los oficialistas (simpatizantes de Cambiemos y otros) sostienen que es el derecho de un medio privado de fijar su línea editorial.

Casos B) – Años 2012 al 2014 (no son exhaustivos):

C5N, empresa privada, echa  o fuerza a irse  a Luis Rosales, Marcos Stupenengo, Guadalupe Vázquez, Luis Novaresio, Tomás Bulat y Débora Plager (2012-2014).

Radio 10, empresa privada, echa a Marcelo Longobardi (2012) (el segundo de Cristóbal López en su grupo de medios dice el que quiera opinar que se compre un medio), Agustín Laje y Gustavo Mura (2014).

Vorterix FM, empresa privada (Grupo Szpolski, pero alquilada por Mario Pergolini), compra a FM Identidad y echa a todos los periodistas críticos, entre ellos a Luis Gasulla (2014) .

En todos estos casos la entonces oposición dice que se trata de censura, pero los oficialistas —entonces K— sostienen que es el derecho de un medio privado de fijar su línea editorial.

Casos C) – Años 2009 al 2011 (tampoco son exhaustivos):

Tiempo Argentino, empresa privada, elimina o no publica artículos de Martín Caparrós, quien se considera censurado y despedido (2011). También dejó de publicar los artículos de Diego Bonadeo cuando el periodista criticó al gobierno (2010).

Canal 9, empresa privada, echó a la modelo Jazmín de Gracia tras criticar a Aníbal Fermández (la producción del programa respectivo era efectuada por la empresa de Diego Gvirtz) (2010).

Canal 9, empresa privada, echó a Lucas Carrasco luego de criticar a Amado Boudou (igualmente se trataba de una producción de Gvirtz) (2010).

Radio América, empresa privada, echó a todos los periodistas críticos del gobierno y en particular a Martín Pittón (2009-2010).

Radio del Plata, empresa privada, echó a Nelson Castro por darle micrófono a críticos de Electroingeniería SA y pese a que luego llamó a directivos de la empresa (2009).

Nuevamente y en todos estos casos la oposición dice que se trata de censura, pero los oficialistas —entonces K— sostienen que es el derecho de un medio privado de fijar su línea editorial.

Alguien podría decir, superficialmente, que A), B y C) son siempre un mismo caso: precisamente el derecho de un medio privado de fijar su línea editorial.

Yo también pienso que un medio privado tiene derecho de fijar su línea editorial, aunque es deseable que aun dentro de esa línea editorial recurra a periodistas profesionales que, por más que tengan simpatías u opiniones políticas (explícitas o no), ejerzan cierta ecuanimidad e independencia. Es decir, que no sean propagandistas dedicados al proselitismo acrítico de grupos políticos determinados, del gobierno o de intereses privados concretos de tipo extraperiodístico.

No es lo mismo

Sin embargo, el caso A) no es igual que los casos B) y C). El afán de buscar las semejanzas no debería hacer pasar por alto las diferencias. La “teoría de los dos demonios”, en éste como en otros casos, no es aplicable aquí. Las simetrías son tentadoras, pero a mi juicio incorrectas.

Los casos B) y C) corresponden a empresas privadas que no eran meramente simpatizantes del gobierno o que tenían una línea editorial afin, lo cual sería legítimo. Pero se trataba de mucho más que eso: eran empresas paraoficiales (Szpolski, López, Electroingenieria, Moneta, etc.) que operaban como una prolongación del gobierno —al punto que en ciertos casos los funcionarios dictaban sus titulares o decidían directamente cómo cubrir una noticia—, las cuales eran además favorecidas selectivamente por subsidios encubiertos y selectivos de fondos públicos a través de la publicidad oficial, posibilitándoles en muchos casos una existencia que de otra manera no tendrían.

Esas empresas se beneficiaban también de privilegios regulatorios, aplicación discrecional de la ley y otorgamientos especiales de licencias o permisos, todo lo cual no era conseguido u obtenido en igualdad de condiciones por los demás medios. Tales empresas —además— eran parte de un plan muy real, ejecutado desde los máximos niveles del poder político, tendiente a acaparar la mayor cantidad de medios para convertirlos en eslabones de un aparato de propaganda impulsado desde el Estado. De este modo, los medios no K irían desapareciendo o siendo ahogados por el peso mayoritario de los K [1].

En este contexto, el despido de un comunicador o periodista que no sea funcional a los objetivos del medio será siempre un acto político dictado por consideraciones políticas desde esferas oficiales (o con su venia pasiva o activa). Es decir, un acto de censura.

En cambio, el caso A) de Radio Continental representa a una empresa privada que no forma parte de una estrategia política o gubernamental. Al menos hasta hace poco, Radio Continental perteneció a PRISA, la empresa española editora del diario El País, de simpatías generales socialdemócratas (en España) pero pluralista e independiente de cualquier partido o grupo gobernante.

Bajo el kirchnerismo Radio Continental nunca fue una extensión del accionar del gobierno (excepto justamente durante el espacio de VHM, cuya naturaleza y características trataremos más adelante). Tampoco lo es durante el gobierno de Mauricio Macri. La emisora no existe ni prospera por subsidios encubiertos de fondos selectivos y discrecionales de publicidad oficial, ni se deja dictar sus titulares o coberturas por lo que le señalen los funcionarios. Tampoco es parte de un plan político diseñado desde el gobierno para acaparar los medios.

En este contexto, el despido de un comunicador o periodista que no sea funcional a los objetivos del medio será la decisión de una empresa privada de seleccionar a su personal de acuerdo a la estrategia periodístico-comercial del medio. Es decir, el derecho legítimo de un medio privado de fijar su línea editorial y su política comercial.

Si lo vemos así, la diferencia aparece clara.

Desde el principio: exclusiones y presiones

Más allá de lo que ocurría en los medios privados comprados, iniciados o cooptados por el kirchnerismo, el oficialismo brutal y propagandístico de los medios del Estado había dado sus primeros pasos ya antes de los hiperoficialistas “militantes” Tristán Bauer (RTA-Canal 7, desde 2008) y María Seoane (Radio Nacional, desde 2009). Ambos renunciaron tras el cambio de gobierno de 2015.

En verdad, los ejecutores iniciales de ese alineamiento de los mal llamados “medios públicos” durante el kirchnerismo fueron la primera  directora de Radio Nacional, “Mona” Moncalvillo —que echó, o al menos puso la cara para despedir  a “Pepe” Eliaschev en 2005— y la que fue directora de Canal 7 desde 2006, Rosario Lufrano —que echó justamente a VHM y también a Marcela Pacheco en ese último año—. Todo esto ocurría cuando Alberto Fernández, a quienes ambas directoras respondían, era el jefe de Gabinete de Néstor Kichner.

Más tarde,  María Seoane asumió  como nueva directora de  Radio Nacional y prometió “pluralismo”, pero acto seguido convirtió a la emisora en una sucursal comunicacional “privada” del kirchnerismo. Desdiciéndose de su discurso inicial, el  14.11.2011 tuvo una sorprendente declaración:

Es absolutamente constitucional que en la radio pública seamos oficialistas […] porque la sociedad votó al gobierno para que lo represente y administre el Estado; en consecuencia nuestra posición es constitucional […] [Estos] son argumentos centrales de la batalla cultural: los argentinos deben tener una radio que administre el Estado, hay que tener una voz pública”.

Frente a la afirmación usual que postula que los medios públicos no deben ser partidistas ni gubernativos, Seoane —que con una gran inconsecuencia se negaba a renunciar a la dirección de la emisora luego de la derrota K— opinó que es un argumento

“reproducido durante años por las corporaciones mediáticas porque el Estado no ha tenido gobiernos con una voz potente, determinante, como tiene hoy. Las corporaciones sí son goebbelianas: miente, miente que algo queda. Y es así que han convencido a muchos de que ser oficialistas es ilegal. No lo es. Es lo que tenemos que hacer”

El gobierno de Macri ha afirmado que los medios públicos serán representativos de la diversidad del país y por ahora no hay ninguna indicación que no se vaya a proceder así. Sin embargo, los mismos que ahora exigen pluralismo celebraron o al menos no alzaron su voz frente a las increíbles manifestaciones de Seoane, según las cuales el que gana una elección tiene derecho a “privatizar” los medios públicos en favor del partido gobernante.

 ¿Qué pasaría si el nuevo gobierno o los sucesivos adoptaran la doctrina Seoane en los medios del Estado?

Por otro lado, debe  recordarse además que el kirchnerismo,  también desde los primeros  tramos de su gestión, presionó a un canal privado como América TV (Vila-Manzano) —que en ese momento no estaba alineado con el oficialismo— con el fin de eliminar de su programación a periodistas críticos.

América TV eligió ceder a esa presión y en 04.2004 echó a Jorge Lanata (pese a que aún no tenía la postura hipercrítica de los K que adoptó después) luego de que se emitiera un informe sobre irregularidades en el PAMI. Para evitar ulteriores presiones el canal no le renovó tampoco el programa a Marcelo Zlotowiagzda y a Ernesto Tenembaum, que incluso desde una simpatía inicial por el kirchnerismo realizaban algunas críticas.

El 20.08.2006 América TV, en este caso por una presión muy fuerte y concreta del gobierno, levantó el programa Fuego cruzado, con Alfredo Leuco y Marcelo Longobardi, donde se trataron temas como el destino de los fondos de Santa Cruz y otros que cuestionaban al gobierno.

No hay constancias de que algún kirchnerista defendiera entonces a Lanata, Zlotowiagzda, Tenembaum, Leuco o Longobardi, pese a que en esa época el gobierno aparentemente no estaba en “guerra” con los medios.

Sin embargo, las declaraciones contra el periodismo eran muy frecuentes en los discursos de Néstor Kirchner y pocos parecieron advertirlo entonces (obsérvese el in crescendo secuencial en las declaraciones):

– 22.12.2004: “Un periodista importante, de la radio más escuchada de Capital Federal, decía: ‘cómo el Presidente va a ir a la inauguración de un paso a nivel’. Yo le pediría a ese periodista que se ponga las zapatillas […] y vea realmente lo que significa el paso a nivel para el pueblo de Berazategui”.

– 01.03.2005: “Vamos a hablar con la verdad en la mano […] Yo […] no me voy a callar la boca […] Esos mismos que escriben de esa forma […] que a veces se lamentan de la falta de trabajo y pobreza en la Argentina, si hubieran usado con firmeza esa pluma cuando la Argentina fue saqueada, el destino del país sería absolutamente distinto”.

– 04.03.2005:Tenemos que terminar con las hipocresías. Yo soy defensor de la libertad de prensa […] [pero], no puede ser que nos vengan a decir cómo funciona la libertad de prensa […] [quienes] para imponer sus ideas, mataron, asesinaron, secuestraron y hoy nos quieren venir a hablar de estos temas como hablan, en forma casi absolutamente insostenible […] No le tengo miedo a la extorsión ni me van a correr con ninguna pluma. Voy a seguir hablando con el pueblo en forma permanente”.

– 01.08.2005: “La responsabilidad de informar es muy importante, porque en algunos casos se ha hecho con muy mala intención, y en otros casos, más que periodistas son empleados de los medios, que no pueden escribir ni lo que piensan; porque si escriben lo que piensan los dueños de los medios los echan”.

– 17.08.2005: “Hemos bajado la indigencia, la pobreza […] y […] sale en la hoja 50 de los diarios y tendría que estar en la tapa: después de 35 años hemos bajado la mortalidad infantil en su índice más importante, 14,4. Son números incontrastables”.

– 16.01.2006: “Tenemos que vencer a las viejas corporaciones […] a algunos medios que mienten y a algunos periodistas que en vez de ser periodistas son empleados de los medios, que firman lo que les ponen delante, como pasa en algún viejo diario argentino”.

– 21.02.2006: “Nos quieren escribir el país a través de su diario o de los medios […] [Hay un periodista] que dice ‘Kirchner nos pelea por la agenda’; qué me importa la agenda a mí, me importa el país, la gente […] Me vengo a enterar ahora que estaban compitiendo conmigo por la agenda. Si yo no tengo diario, radio, televisión ni nada”.

– 18.04.2006: “[Pareciera que si soy periodista] para que no me confundan con que soy […] oficialista tengo que mostrar un perfil opositor, así no diga la verdad. […] Cuánta falta le hacen a nuestro país plumas serias, responsables […] para […] construir una verdad desprovista del odio, provista de la calidad investigativa e intelectual que este país necesita; desprovista del oportunismo”.

– 16.05.2006: Yo podría contar la historia de algunos medios, de un canal, que si yo nombro [a] los propietarios […] se conocería la historia que tienen […] Parte de las acciones fueron compradas por un empresario, que ahora es diputado, y es un Berlusconi del subdesarrollo [Francisco de Narváez, quien acababa de adquirir parte de la sociedad titular de América TV]

“Se van a dar cuenta de que ahí [en América TV] no hay ni libertad ni de expresión ni de medios, el hecho es atacarnos. Está bien, que lo hagan, pero que la gente sepa que es un canal opositor, que las acciones fueron compradas por este empresario y por otros que no pueden hablar o mostrarse mucho“.

Yo les voy a ir contando esta historia a los argentinos de a poco, les voy a ir hablando de cada integrante de ese canal para que los argentinos sepan”,

– 27.09.2006: “Yo no puedo hacer nada [sobre las críticas que se le formulaban] porque no tengo televisión […] Tengo […] apenas este atril […] Un reconocido periodista, Joaquín Morales Solá, dice que soy autoritario. No creo serlo. Soy un hombre que ha vivido y ha luchado por la democracia, he puesto todo por la democracia”.

Estas ideas eran compartidas por la esposa del mandatario, que en ese entonces ocupaba una banca en el Senado. Allí, por ejemplo, Cristina Kirchner acusó a la prensa de “censurar” las posiciones del gobierno y de actuar como un bloque opositor, mientras defendía un proyecto de ley de superpoderes que pedía el poder ejecutivo:

06.06.2006: “Debo decir que hay censura de prensa. Somos censurados por los periodistas que publican la parte de los discursos que sirven a los discursos que ellos construyen y crean. Así, no tenemos prensa, sino que tenemos una oposición que no fue votada”.

          cristina el país

Ya como presidenta, Cristina Kirchner muestra la tapa del diario El País (perteneciente a PRISA) y señala la foto del ministro de Economía español, Luis de Guindos, a quien describe como “el pelado ése […] que me hizo acordar épocas…” (Cadena nacional, 11.07.2012) (captura de pantalla)

Un muy interesante artículo de la investigadora Lucía Vincent dice que de los 862 discursos pronunciados por Kirchner durante su presidencia (2003-2007) en 220 (25,5%) hizo algún tipo de mención al periodismo o a los medios de comunicación. Sólo en un caso Kirchner habló positivamente del rol de la prensa. En el resto de sus discursos, las referencias al periodismo o los medios fueron siempre negativas [2].

Asimismo, ya el 02.03.2005 la Sociedad Interamericana de Prensa, entidad que nuclea a propietarios privados de periódicos del continente, dio a conocer lo siguiente:

[En la Argentina] los periodistas denuncian maltrato, discriminaciones y el uso de un mecanismo que califican de siniestro que es el telefonazocon la advertencia y la queja [sobre coberturas periodísticas].

A determinados medios […] [como la revista] Noticias, se le impide el ingreso a la Casa de Gobierno […] Otro ejemplo sobre las discriminaciones del gobierno [son] las invitaciones para viajar y acompañar al presidente en el avión presidencial […]

[Se] ha comprobado que la asignación de publicidad oficial se aplica con un criterio que no es objetivo ni sigue pautas técnicas ni profesionales […] En estos días, además, periodistas acreditados en la Casa de Gobierno hicieron pública una protesta en la que manifiestan su ‘malestar’ provocado por las reiteradas muestras de autoritarismo”.

En una fecha igualmente temprana como 11.2005 una encuesta de FOPEA entre sus miembros (que conforman un grupo de periodistas bastante diverso) señalaba que el gobierno de Néstor Kirchner era el que más presionaba a la prensa desde 1983; así lo consideró el 38,7% de los periodistas consultados por la entidad. (Las respuestas que apuntaban a Carlos Menem recogieron 16,3%, mientras Raúl Alfonsín fue señalado en ese sentido sólo por el 3,4%.)

Kirchner pensaba que con sus “escraches” desde el atril presidencial, con telefonazos, y con el uso arbitrario (premios y castigos) de un monto todavía razonable de publicidad oficial, así como a partir de algunas “negociaciones”, podría imponer un modelo de “entrecasa” de domesticación de los medios y los periodistas parecido al que había instituido en Santa Cruz. Creía que el país podía manejarse como él había gobernado esa provincia, con menos habitantes que el suburbio bonaerense de Lanús.

Muchos no tomaban estas actitudes muy en serio y no vieron un riesgo claro. “Son cosas para la tribuna. Pero bueno, más o menos hay libertad de expresión y de cualquier todos los gobiernos han manipulado un poco la comunicación; no es tan grave”, parecía pensar un número no desdeñable de dirigentes políticos, periodistas o referentes de la sociedad.

Algunos se habían comprado el argumento que Kirchner había manifestado muchas veces en privado: “Miren lo que hago, no lo que digo”. Pero lo que decía creaba situaciones y  eran anticipos de  lo que se terminaría haciendo. Las palabras también son acciones.

Sólo después de la crisis del campo de 2008 y cuando los Kirchner se convencieron que Argentina no era Santa Cruz, el gobierno decidió adoptar un modelo metódico y “científico” para implantar un discurso oficial  cuasi-único  en los medios, el periodismo y la comunicación. Esto incluyó, como rasgos más sobresalientes, el uso de montos de dinero descomunales “invertidos” en publicidad oficial y asignados en forma selectiva, así como  el armado del aparato de propaganda interna oficial/paraoficial más imponente del hemisferio occidental que se haya visto en un país democrático desde los años 50.

Parece una exageración, pero fue así.

Lo que ocurrió a partir de 2009 es mejor recordado: se sancionó la Ley de Medios (que más allá de su “letra” buscó dar una legitimación “política” al accionar del gobierno y que fue violada convenientemente cuando no era funcional con los propósitos K), se intentó demembrar o cooptar a los principales grupos de medios y se armó una extensa red oficialista. También se buscó activamente deslegitimar el concepto de periodismo profesional a la vez que los medios públicos eran colocados al servicio del grupo gobernante.

En medio de este panorama varios periodistas y comunicadores quedaban sin trabajo o limitados a un ámbito circunscripto. El gobierno proclamaba mientras tanto que se iría “por todo” y consideraba la reelección indefinida como un mecanismo de perpetuación (Juan Cabandié pretendía que el kirchnerismo gobierne por 50 años más). Entonces, algunos comenzaron a reaccionar.

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VHM: La conversión

Mientras tanto, ¿qué pasaba con VHM? Además de desempeñarse como relator deportivo en Radio Continental desde 1987, había pasado a hacer periodismo general en esa emisora a partir de la década del 90.

A través de los micrófonos de la radio, en su programa La mañana, tenía expresiones muy críticas sobre el kirchnerismo.

21.08.2008 (usuario de YouTube: aguilaamargoconcafe)

14.09.2009 (usuario de YouTube: Tuvok Ignis)

Críticas del mismo calibre eran formuladas por VHM en otros ámbitos. Aquí, VHM con Jorge Lanata y Jorge Castro en el programa del primero por Canal 26.

Año 2009 (usuario de YouTube: Fabian Ariel)

El 16.01.2009, VHM llegó a criticar el despido de Nelson Castro de Radio del Plata. Y dijo elípticamente que los dueños de Electroingeniería SA, nueva titular pro K de esta emisora, eran nada menos que “delincuentes”:

“Creo que para Nelson debe ser también un alivio no tener que trabajar para una radio comprada por gente del gobierno. Yo vivo rezando para que esto no siga avanzando, porque sé que esta gente va por todo y sobre todo por los medios. Para mí ya ha sido una desgracia la conformación de multimedios que avanzan sobre el periodismo y cometen tremendos desatinos; medios que quedan en manos de delincuentes económicos y políticos”.

“Electroingeniería es una empresa que merece todos los reparos sobre su origen, su conformación y su ligazón con otras empresas. Es una verdadera desgracia que empresas como ésta compren medios de comunicación. Cada vez son menos los medios que no pertenecen a multimedios indeseables o a gente ligada al poder económico y político. En el fondo celebro que hayan mostrado la hilacha a tiempo, y lamento el lugar que van a ocupar los periodistas serios que por razones diversas tengan que aceptar un contrato en ese tipo de medios. Es una desgracia, hasta yo me siento amenazado. Estoy muy triste con el negocio que se está haciendo con el mundo de los medios de comunicación”.

Todavía hacía periodismo crítico. Pero en 2010 VHM padeció una conversión súbita.

A principios de ese año, criticó la compra de 2 millones de dólares por Néstor Kirchner. (Más allá de si el exmandatario utilizó en la operación información privilegiada —es poco verosímil que no haya sido así—, la transacción tuvo lugar en medio de la depreciación del peso y de la crisis financiera mundial. Por otra parte, se trataba de la misma divisa que luego el kirchnerismo —con el célebre “cepo”— impediría comprar a muchos pequeños ahorristas para protegerse de la inflación que su misma gestión desencadenaba.)

VHM recibió en Radio Continental el 02.02.2010 un llamado del expresidente  en el cual Kirchner lo “desmintió” (desmentida estilo K: negar cualquier denuncia o noticia y a continuación afirmar con aire contraacusatorio que resultó “desmentida”).

VHM explicando el 10.2013 su “conversión” del 02.02.2010 (usuario de YouTube: Resumen del Medio)

Inesperadamente, VHM le pidió perdón a Kirchner en estos términos:

Yo ya lo insulté, y aceptar que me lo pruebe sería volver a insultarlo. Le creo, entiendo muy bien lo que me dice y le pido que me deje volver al micrófono para pedir las disculpas que le ofrezco muy… avergonzado, doctor, muy abochornado”. Ver el diálogo y una nota alusiva en Tiempo Argentino.

Todo parecía indicar que se trataba de las típicas humillaciones que Néstor Kirchner les pedía a los recientes conversos o cooptados.

La fecha tampoco parece ser casual. Dentro de los siguientes 90 días, el kirchnerismo colocó sus primeros programas de propaganda en Canal 9 (TVR, Duro de Domar), decidió eliminar la publicidad privada de Fútbol para Todos para reemplazarla por spots propagandísticos de exaltación o de ataques, ofreció públicamente ayuda económica a blogueros K por medio de Aníbal Fernández, puso en el aire a CN23 a través de Sergio Szpolski y se inició la Televisión Abierta Digital con canales estatales y señales privadas “invitadas” de corte oficialista (cuya inclusión y rango de cobertura violaba la Ley de Medios).

El giro de VHM se producía precisamente cuando el gobierno tomaba las acciones más costosas y definidas para armar su aparato de propaganda.

Por supuesto, es legítimo cambiar de opinión. Y es legítimo también ser simpatizante de un gobierno, aun siendo periodista, y siempre que en este último caso el profesional no se convierta en una extensión automática, un agente justificador sistemático de ese gobierno.

Pero los cambios de posición de un día para el otro  —como literalmente fue el del relator uruguayo— acompañados con pedidos de disculpas más parecidos a una autocrítica estalinista que a una disculpa normal —si cupiera—, sonaban más a una cooptación o compra de la voluntad. No a un cambio natural, a la rectificación de un error puntual o a una revisión normal de algún punto de vista.

Es cierto que VHM, en los meses anteriores, había expresado su apoyo puntual a algunas medidas del gobierno, como la nacionalización de las AFJP o de YPF, así como a la Ley de Medios. Pero era justamente  esa conducta la que lo convertía  —en ese momento— en un periodista independiente,  ya que no dejaba de criticar el resto de la gestión y las conductas de los Kirchner. Fue en esto último en que dió un espectacular giro de 180 grados en tan sólo 24 horas.

Captura

Sobre VHM existe una profusa bibliografía, algo que no debe extrañar dada su extensa trayectoria. También debido a que tradicionalmente era seguido por una gran audiencia y a la controversia pública que generaron sus posiciones de los últimos años.
Escribió su propia biografía en Victor Hugo x Victor Hugo Morales (2009), pero reniega de ese texto puesto que todavía no había experimentado su “conversión”. Sin embargo, en ese libro se presenta como un crítico feroz de la dictadura militar del Uruguay .
Esta visión es puesta en duda por dos periodistas de ese país, quienes en Relato oculto: las desmemorias de Víctor Hugo Morales (2012) afirman con distintos testimonios y documentación que en realidad tuvo momentos de connivencia con los militares durante la dictadura.
El secretario general de redacción de La Nación, Pablo Sirvén, escribió otro libro, Converso (2013), una biografía crítica que se enfoca en su “brutal transformación”. Por el contrario, un texto preparado por el productor de VHM presenta la trayectoria del relator como Víctor Hugo: una historia de coherencia y convicción (2013).
VHM escribió otros dos libros, esta vez centrados en la crítica a Clarín: Audiencia con el diablo (2014), cuyo título se refiere al encuentro de mediación judicial que debió tener con el titular del Grupo Clarín, Héctor Magnetto, luego de la acción civil que este último inició contra el comunicador, que había involucrado al ejecutivo en “crímenes aberrantes”. VHM expresa en ese libro que “Magnetto es uno de los grandes entregadores del país”. El otro es El rebenque del diablo. Cablevisión y yo. La guerra del fútbol y la justicia para pocos (2015).
También publicó Mentime que me gusta (2015), donde VHM “pretende desnudar las mentiras de los medios extraviados y sus lectores-complices que cada día completan el círculo de la mentira”.

De crítico a propagandista

A partir del 02.02.2010 VHM dejó de ser periodista. Es que no sólo se convirtió en un simpatizante del gobierno, sino que pasó a ser inmediatamente un fundamentalista hablando desde un púlpito inmaculado, un vocero automático del poder gubernamental.

Sostenía sin vacilaciones hasta las peores y más indefendibles cosas de los K, siguiendo coordinadamente las mismas líneas del aparato de propaganda gubernamental y sin escatimar ataques a cualquier persona relevante que contradijera a la línea oficial. Es decir, pasó a ser un propagandista.

Hay, sí, una cosa en que se le puede reconocer coherencia continua: siempre fue un feroz crítico de Julio Grondona —aunque obvió criticarlo cuando el hombre fuerte de la AFA acordó con Cristina Kirchner el Fútbol para Todos—, de la empresa Torneos y Competencias SA (para la que rechazó trabajar) y del Grupo Clarín. Es evidente que esta fue la veta que exploró el kircherismo para cooptarlo.

Precisamente en Clarín y más allá de la vieja enemistad entre este multimedio y VHM, el periodista Ricardo Roa (12.01.2015) proporcionó una semblanza de la etapa K del relator que nadie podría decir que no es veraz:

Defendió todo, sin matices. Corruptos como Boudou, De Vido y Lázaro Báez y los negociados del juego de Cristóbal López y de Cristóbal López con los Kirchner. Apoyó la estigmatización sistemática de periodistas y la versión exculpatoria del Gobierno respecto de la tragedia de Once. Cada día inundaba de sentencias  absolutorias  a los funcionarios y de sentencias condenatorias a quienes los criticaban”.

 

En 02.2014, VHM defiende al titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, y a Amado Boudou, a la vez que pone en duda el testimonio de Laura Muñoz, exesposa de Alejandro Vandenbroele, presunto testaferro del exvicepresidente (audio tomado de usuario de YouTube: Resumen del Medio).

El kirchnerismo ha sido (es), por sobre todo, una gran simulación. Sus líderes simulan que hacen una revolución contra las “corporaciones”, la pobreza y el “poder real” mientras ellos mismos constituyen una megacorporación política compuesta por no pocos millonarios enriquecidos en la función pública y cuyas políticas terminaron empobreciendo en forma generalizada al país (situación que pretenden compensar con ayudas o subsidios distribuidos clientelísticamente). Al mismo tiempo buscan acaparar todo el poder, el cual ejercen sin muchos pruritos institucionales contra aquellos sectores o personas relevantes (y a veces no tan relevantes como “el abuelito amarrete” o el agente inmobiliario) que se metan con temas que ellos consideran sensibles.

Llegado el caso, también se perseguía desde el Estado a algunas de estas personas con una evidente inspiración “escrachadora” y apelando a todos los medios posibles excepto el ataque físico (aunque hubo algunos de estos episodios) o la cárcel.

Entre otras cosas, es esa simulación la que llevó a los K a estar tan preocupados por la comunicación (para crear una realidad paralela que construya el mundo que ellos no saben, no quieren o no logran plasmar). De la misma forma, los llevó a vaciar de sentido palabras como “golpismo”, “destituyente”, “popular”, “nacional”, “inclusión” o “pobreza” e incluso “amor”“odio”.  Y ahora la palabra “censura”.

VHM, millonario él mismo y que abrazó de un día para el otro la causa “nacional y popular”, no es ajeno a este tipo de simulaciones. Pero no tiene sentido preguntarse si él cree o no lo que dice. Estos temas son muy complejos y en ellos intervienen muchos  elementos, desde materiales hasta psicológicos. Sin embargo, puede tomarse como válida una vieja afirmación: quien al principio dice sistemáticamente lo que no piensa, termina pensando sistemáticamente lo que dice.

Un propagandista puede o no creer en lo que sostiene, sólo basta que desarrolle la voluntad de anular cualquier sentido crítico con respecto a la posición general que defiende y estar dispuesto a justificarlo todo. A esa situación se puede llegar por conveniencia, dinero, fanatismo, teorías sobre “males menores” o “no hacer el juego”, afán de protagonismo, ansia de reconocimiento o bien por una combinación de estos y otros factores.

Por supuesto, se podría argumentar que —al igual que pasa con los Kirchner y aún cuando se sospeche que muchos dirigentes o comunicadores adopten ciertos valores, posturas o conductas por mero cálculo o conveniencia—, eso no dejaría de representar las ideas de un sector de gente que sinceramente crean en ellas.

Esto es verdad y constituye un tema largo. Sin embargo, no exime a esos dirigentes o comunicadores de su falta de ética ni de su oportunismo, ni logra hacerlos confiables como personas o como referentes.

Sin ningún ánimo de hacer comparaciones indebidas, pero sí de ejemplificar lo que decimos, recordemos que Pablo Escobar Gaviria tenía un discurso de centroizquierda en su increíble paso por la política. O que el almirante Emilio Massera no enarbolaba banderas de “derecha” sino más bien socialdemócratas (como se podrá comprobar leyendo la plataforma de 1983 de su efímero partido PDS). Esas ideas que ambos invocaban podían coincidir con las de muchas personas corrientes y respetables que no son narcotraficantes ni asesinos. Naturalmente, esa circunstancia no rehabilita a ninguno de los dos nefastos personajes.

Pero volvamos a VHM y a Radio Continental.

La emisora contrató a VHM cuando aún era un periodista independiente que, a partir de 2003 o quizás algo después, tendía a ser crítico con los K.

Considerada durante mucho tiempo como un ejemplo de profesionalismo, Radio Continental ha tenido ciertamente una grilla crítica del gobierno o, al menos, en otros casos, no oficialista.

Así, desfilaron por sus micrófonos desde Nelson Castro y Magdalena Ruiz Guiñazú hasta María O’Donnell y desde Alfredo Leuco y Fernando Bravo hasta Paulino Rodrígues. Era la línea editorial de la emisora, dentro de ciertos parámetros pero más o menos amplia, con la que también se definía el perfil de su público. Su excelente frecuencia de emisión en AM (590 kHz) le sumaba también mucha sintonía en las zonas rurales de la Pampa Húmeda y la gente de campo —sector que se enfrentó al kirchnerismo a partir de 2008— era también parte de su audiencia “natural”.

Al transformarse súbitamente desde el 02.02.2010 no sólo en un comunicador favorable al kirchnerismo sino en un agente del gobierno dentro de la programación de Radio Continental, VHM alteró significativamente la línea editorial que pretendía seguir la emisora que lo contrataba. Pero por sobre todo, modificaba el perfil de la mayoría de su público, que repudiaba el mensaje oficialista-propagandista de Morales y abandonaba su sintonía cuando comenzaba su espacio.

Esto le produjo a Radio Continental una baja sostenida de rating en los últimos años (pasó de 3ra a 5ta o 6ta en un lustro). En un horario tan crucial como la segunda mañana que ocupaba VHM la audiencia se alejaba de la emisora con menos predisposición a volver después.

(Independientemente de que sea cierto de que el programa de VHM, como él argumenta, haya sido en los últimos años el de mayor audiencia de la radio —sólo por periodos lo fue—, esto no es en absoluto contradictorio con el hecho de que su presencia le disminuyera el rating general a la emisora a lo largo de todo el día y a medida que transcurrían los años. Edi Zunino, de Noticias, recordó el 13.01.2016 en Intratables que su audiencia “venía bajando”).

VHM audiencia y confianza

(Cuadro posteado por José Crettaz en twitter y facebook el 14.01.2016)

El inesperado y repentino cambio de las posiciones de VHM avalado desde el aparato del Estado implicó un verdadero contrabando ideológico tanto para la emisora como para su público habitual.

Radio Continental no despidió entonces a VHM por una sola razón: corría con el caballo del comisario, es decir, con la protección del poder gubernamental. Y hacerlo implicaba que el gobierno podía tomar represalias contra la estación.

¿Qué represalias?

Radio Continental fue comprada a fines de 2004 por la empresa española PRISA (Promotora de Informaciones, SA, editora del diario madrileño El País). Fue el propio Kirchner el que favoreció el ingreso de las inversiones de radio de esa compañía, en la creencia que se iba a transformar en una apoyatura comunicacional del gobierno.

Pero cometió un error en el cual incurrió repetidamente. Desconocedor de la dinámica de los medios y del periodismo —al igual que su esposa— suponía que en las empresas de medios sus propietarios están con un látigo dictando lo que los periodistas deben escribir en función de los más espurios intereses de aquellos, seguramente una proyección de cómo asumían los Kirchner las relaciones con sus subordinados.

Pero el verdadero capital de una empresa periodística estable es la credibilidad, derivada entre otras cosas de la idoneidad y capacidad crítica de sus periodistas. PRISA no era la excepción.

Al ver que Radio Continental no se transformaba en un medio oficialista y, más aún, cuando cubrió la crisis con el campo de 2008, Kirchner se sintió “traicionado”. El 17.06.2008 el expresidente compareció ante los medios  en una insólita conferencia de prensa con “hinchada”, la que recibía sus respuestas con expresiones atronadoras o abucheaba a veces a los periodistas (habría que averiguar si este episodio representó un caso único en el mundo). Ante una pregunta de un reportero de la emisora, le retrucó: “Ah… Grupo PRISA, ¿no? Yo sé a qué te mandan a vos…”

Según las normas existentes antes y después de la Ley de Medios de 2009, una compañía extranjera como PRISA no podía tener más de un 30% de un medio audiovisual (y siempre que ese porcentaje no implicara controlar la voluntad de la sociedad titular del medio).

Sin embargo, se exceptuaba de esta disposición al capital de naciones con las cuales se hubieran celebrado tratados de reciprocidad de inversiones. No existe ningún tratado de ese tipo entre Argentina y España, pero sí hay uno firmado en los 90 entre Argentina y Estados Unidos.

PRISA

PRISA hizo una radicación de capital en los Estados Unidos a través de la firma GLR Services Inc., registrada en Delaware. De ese modo, se presentó ante las autoridades argentinas como una sociedad norteamericana que se enmarcaba en los términos de aquel tratado de reciprocidad.

(El caso de Telefónica SA, empresa titular de Telefé, no es igual. Esa compañía, pese a ser también española, se rige por la Ley 25750 de Bienes Culturales aprobada en 2003 y que por primera vez autorizó la inversión extranjera en radiodifusión, siempre que no sobrepasara un 30%. A la vez, establecía que si una compañía extranjera ya controlaba un medio audiovisual argentino antes de esa fecha podría continuar manteniéndolo, incluso aunque no existiera un tratado de reciprocidad de inversiones y tuviera más de un 30%. Telefónica SA estaba en esa situación, ya que compró Telefé en 2000. Sin embargo, dado que PRISA  adquirió Radio Continental en 2004 ya no podía acogerse a aquella ley.)

Sobre Radio Continental pendía, por consiguiente, una espada de Damocles. Si el gobierno consideraba que la controlante de la licencia era una empresa española y no norteamericana, la emisora perdería inmediatamente su licencia. Tan sólo bastaba una resolución de la AFSCA para declararlo así. En el caso en que Radio Continental prescindiera de VHM —pese a que su accionar desde 2010 le hacía bajar sostenidamente sus niveles generales de audiencia—, la espada caería sobre la emisora.

Otra razón adicional era la famosa “adecuación” establecida en la Ley de Medios. Pese a que los planes de adecuación de casi todas las empresas fueron aprobados para 2013, el de Radio Continental y emisoras vinculadas se aprobó en último lugar: el 30.12.2014. En esa fecha la Resolución 1592-AFSCA  la declaró “formalmente admisible” (debía vender algunas radios en el interior, pero esto aún no se hizo efectivo).

(En forma estrambótica y para reforzar la “adecuación”, esta resolución de la AFSCA mencionaba también que España permitía la inversión extranjera de medios en una proporción similar a la Argentina, lo que implicaría “una reciprocidad” de facto. Pero esa “reciprocidad” no está especificada ni consagrada por ningún tratado, que es lo que exige explícitamente la Ley de Medios para posibilitar la inversión extranjera en medios audiovisuales argentinos en un margen superior al 30%.)

La tardanza injustificada de la aprobación de la “adecuación” —para la cual la empresa no puso mayores trabas— respondía nuevamente a la voluntad del gobierno de mantener esa espada de Damocles: dejar abierto el tema el mayor tiempo posible para continuar negociando.

Como se verá más adelante y según una fuente recogida por un diario y que prefirió permanecer anónima, el último contrato entre VHM y la emisora se firmó nada menos que en la sede de la AFSCA y “bajo coacción”.

¿El “fantasma” González tiene PRISA?

Es a partir de allí que la situación se torna más confusa.

Canal 9, la emisora de TV abierta que desde 2007 es propiedad del mexicano- estadounidense Remigio Ángel González y que operó durante el gobierno de Cristina Kirchner como un medio hiperoficialista, habría comprado la mayoría de Radio Continental a PRISA, se habría asociado con esta última obteniendo una participación decisiva en la sociedad o bien habría pasado a gerenciar la emisora.

Sobre esa  transacción no había muchos detalles, pero era un secreto a voces en el ambiente radiofónico y fue informada por varios medios en 2015, incluso en un artículo en este blog. Esto ocurría inmediatamente después de que la AFSCA de Martín Sabbatella aprobaba la “adecuación” de la emisora.

Más allá del control propietario de Canal 9 por parte de Remigio Angel González, la televisora estaba en los hechos manejada casi integralmente desde la Casa Rosada. Con residencia en Miami, González opera decenas de canales por toda América Latina con un modelo similar de negocios: programación de bajo costo basada en enlatados (telenovelas mexicanas, series), algunos espacios locales  y noticieros muy básicos. Casi todos estos canales son oficialistas (aunque quizás ninguno al punto de Canal 9) en los países donde funcionan.

González además es un verdadero exponente de conductas “concentradoras”: en Guatemala opera todos los canales abiertos privados de VHF, en Nicaragua maneja la mitad de la televisión abierta (la otra mitad es de la familia del presidente Daniel Ortega) y en Chile tiene dos de los siete canales abiertos de VHF de Santiago. Son grados de “concentración” a los que nunca se ha llegado  en la Argentina, pese a las encendidas denuncias K y de algunos académicos sobre “medios concentrados”.

La situación de Canal 9 tampoco le importó demasiado al gobierno de Cristina Kirchner, que ha usado a la emisora para ubicar sus producciones de propaganda.

A cambio de perder por completo su independencia, la emisora televisiva de la calle Dorrego fue beneficiada desde el Estado a grados inauditos: pese a ser un canal de baja audiencia (entre tercero y cuarto en rating sobre los cinco canales abiertos porteños, con cifras de 4 o 5 puntos de rating) recibió en los últimos años cerca de las dos terceras partes de toda la publicidad oficial correspondiente a la TV abierta de Buenos Aires.

Por su lado, la AFSCA de Sabbatella, que rechazó el plan del Grupo Clarín por considerar que había “vínculos” entre las divisiones que se proponían, no vio nada raro en el vínculo entre el  desconocido abogado argentino que figura como titular mayoritario de la licencia y González.

Identificación y logo de Canal 9 de Buenos Aires desde 2014 (usuario de YouTube: myel20)

Pese a ello, es  obvio que González es el verdadero propietario del canal. De hecho el mexicano-estadounidense es conocido como “el fantasma” en los ámbitos televisivos latinoamericanos porque rara vez aparece y opera eminentemente con testaferros. Sabbatella dijo en 2013: “No tiene que adecuarse porque no tiene incompatibilidades con la ley”. Sin embargo, ni siquiera se había aprobado en ese entonces su anterior cambio de propiedad: la venta de 2007 de Daniel Hadad a la nueva sociedad controlada por “el fantasma”.

Más aún: el Canal 9 de González opera varias emisoras de radio en la misma ciudad: en Buenos Aires tiene Aspen 102 (102.1), RQP (97.1) y la estación de música clásica  Arpeggio (89.5). Desde hace algunos años se escucha además una transmisión alternativa de Arpeggio en “emisión de prueba” en 100.3 MHz, con la finalidad evidente de ocupar esa frecuencia.

La Ley de Medios de 2009 sólo permite que un mismo propietario opere 2 emisoras de FM como máximo en una ciudad como Buenos Aires , pero Canal 9 tiene cuatro. (El truco para justificar esto, aparentemente,  es considerar que RQP y Arpeggio son permisos precarios provisorios —nunca regularizados por la AFSCA— y que por revestir esa condición no deben tenerse en cuenta en los cálculos legales sobre multiplicidad de licencias. Sin embargo, según la Ley de Medios. esos permisos no pueden operar con más de 1 kilovatio de salida pero resulta claro que tales estaciones trabajan con una potencia mucho mayor).

Pese a todo lo que se señala en párrafos anteriores, la AFSCA de Sabbattella —a lo largo de toda su gestión y en sintonía con la postura K de beneficiar de todas las formas posibles a este grupo— nunca ha efectuado ninguna observación a Canal 9 ni a sus emisoras de radio.

Es en Canal 9 donde VHM tenía hasta ahora otro programa semanal llamado Bajada de línea. Su nombre está muy bien puesto, ya que eso es exactamente lo que hace. Sin embargo, representaba también una suerte de burla —desde una posición parecida a la impunidad— hacia quienes denunciaban el uso de formas periodísticas, negociaciones dudosas y fondos públicos repartidos discrecionalmente para desarrollar propaganda oficialista con privilegios de los que otros medios o comunicadores carecen. De esta situación se benefició abiertamente VHM.

Bajada de línea estaba dedicado esencialmente a defender a rajatabla al gobierno, promover posturas bolivarianas, atacar al Grupo Clarín y criticar a la “derecha” de los Estados Unidos y de América Latina.

Bajada de linea

La bajada de línea de Bajada de línea

Si efectivamente Canal 9 compró parte o todo de Radio Continental a PRISA, se asoció en un pool de medios con esta última o bien accedió al gerenciamiento de la radio, no lo pudo haber hecho sin la venia del kircherismo y con toda seguridad que lo hizo con su aliento.

PRISA cuenta con emisoras en muchos países de América Latina (CARACOL en Colombia; Ibero Americana Radio en Chile; XEW-Radio en México). La operación de todas ellas es exitosa y rentable. La única que le da pérdidas en la región es Radio Continental de Buenos Aires (serían del orden de los 30 millones de pesos anuales), debido al desquicio general en su línea editorial y gestión comercial que le ha implicado el “mantenimiento forzoso” de VHM a partir del momento en que se convirtió en un agente del gobierno K en la estación.

Es por eso que desde hacía algún tiempo la empresa española consideraba desprenderse de la radio y terminar con su pesadilla político-regulatoria en la Argentina. No encontraba comprador ni el momento adecuado de hacerlo, hasta que aparentemente el tema se saldó con la aparición del “fantasma” González.

Modales, moral y Morales

La manera de despedir a VHM  de Radio Continental el 11.01.2016 fue inapropiada y esto es criticable. Pero seguramente todos hemos tenido algún episodio en la vida de una cesantía de esas características. (Cuando trabajé en una empresa dot com de los Estados Unidos, al dejarme prescindible me pusieron un guardia de seguridad que vigiló cómo recogía mis cosas, me impidió hablar con los directivos y me “acompañó” hasta la puerta; no porque fuera una persona particularmente peligrosa sino porque el absurdo procedimiento se lo aplicaban a todos.)

El momento del despido de VHM en Radio Continental y sus declaraciones posteriores en el programa de Paulino Rodrígues el 11.01.2016 (usuario de YouTube: Movimiento Nacional Kirchnerista Peronista)

Sobre si el despido fue válido o no desde el punto de vista del derecho laboral, cabe recordar el caso de Rolando Hanglin, quien fue despedido de la propia Radio Continental en 2006 luego de estar 14 años en la primera mañana de la emisora, ya que consideraban que el periodista había “cumplido su ciclo”. Hanglin no salió a decir que había sido censurado pero en cambio entabló una demanda contra la radio, en la que ganó 5 millones de pesos.

El día de su despido, VHM dijo (11.01.2016): “No sé si me despidió Remigio Ángel González o el grupo PRISA”. Pese a que su amigo Sabbatella se dedicó puntillosamente a controlar a los medios audiovisuales durante varios años y debía hacer cumplir la ley en igualdad de condiciones para todos, a esa altura no se sabía si la emisora había cambiado de dueños (la Ley de Medios prohíbe  las transferencias). Es decir, se ignoraba quién  manejaba realmente la estación.

Alejandro Alfie señaló el mismo día en Clarín que ahora Sabbatella convoca a una marcha en defensa de Víctor Hugo, como si él no tuviera ninguna participación en el desembarco del ‘fantasma’ [Remigio Angel] González González en la Argentina”.

VHM trataba frecuentemente temas de la Ley de Medios y del sistema de medios en sus programas. Uno podría entender que no hubiese abordado nunca la situación de Radio Continental o Canal 9; después de todo trabajaba allí.  Pero  tampoco  se refirió en ningún momento a los otros medios que se beneficiaron con la aplicación discrecional de la norma y con las tremendas asimetrías en la  distribución de la pauta oficial del gobierno (insólitamente, se quejó de  manipulaciones de la publicidad oficial el día en que fue despedido.)

La razón era simple: VHM compartía esta política y, más aún, le debía los programas en esas emisoras a ser una suerte de privilegiado de Estado.

Como dijo José Crettaz en La Nación (12.01.2016) VHM “podría estar siendo víctima de lo que él mismo defendió, explícita o tácitamente, a capa y espada: el reparto discrecional de la pauta oficial, que destruyó a parte del periodismo, y la aplicación arbitraria de la ley de medios, que se usó para perseguir o condicionar a unos y favorecer a otros”.

Agrega el periodista de ese diario: “es que el oficialismo puede ser un negocio circunstancial para algunos empresarios, pero nunca es ‘negocio’ lícito, ético ni rentable para el periodismo”.

VHM ha probado una cucharada de su propia medicina. A lo largo de muchos años, careció de toda expresión de solidaridad y fue indiferente con sus colegas expulsados de “empresas privadas” (que en realidad eran en esos casos extensiones estructurales y operativas del gobierno), las que funcionaban al servicio del plan oficial de quedarse con la mayor cantidad de medios posibles para implantar un mensaje oficialista “hegemónico” o cuasi-único.

VHM no dijo nada de los episodios de Luis Rosales, de Marcos Stupenengo, de Guadalupe Vazquez, de Luis Novaresio, de Tomás Bulat, de Débora Plager, de Marcelo Longobardi, de Agustín Laje, de Gustavo Mura, de Luis Gasulla, de Martín Caparrós, de Diego Bonadeo, de Jazmín de Grazia, de Lucas Carrasco o de Martín Pittón.

Todos habían sido dejados cesantes o forzados a irse de donde estaban por razones políticas a instancias directas o indirectas del gobierno y, por lo tanto, eran verdaderos “censurados” (aunque algunos hayan conseguido trabajo en otros lugares y más allá de que ciertos nombres nos simpaticen más o menos: ese nunca es el punto en temas de libertad de expresión).

VHM no se quejó de la compra, al margen de la ley, de Radio América, Radio El Mundo, FM Identidad o las emisoras del grupo Moneta, ni de la expulsión de los periodistas no K de estas emisoras para convertirlas en medios oficialistas o al servicio directo o indirecto del kircherismo. No obstante, cobraba por charlas para explicar (y elogiar) la Ley de Medios.

No manifestó ninguna inquietud por la precariedad laboral, los despidos generalizados o los atrasos en los pagos de grupos oficialistas (especialmente el perteneciente a  Sergio Szpolski), pese a que sus titulares recibieron hasta hace poco decenas o aun cientos de millones de pesos en publicidad oficial, esa misma pauta que a otros se les negaba o se les retaceaba. Sólo cuando había conflictos laborales en grupos que eran críticos del gobierno realizaba amplios despliegues informativos.

Tampoco se lo escuchó criticar la expulsión de Juan Miceli del canal estatal (2013) sólo por hacer una pregunta, por lo demás pertinente.

VHM sólo se quejó de su propio despido de Canal 7 en 2006 y del despido de Nelson Castro de Radio del Plata en 2009, simplemente porque en esa época aún no había sido cooptado por el kirchnerismo.

Y en algunos casos hasta llegó a justificar ciertos despidos o a criticar a los afectados utilizando el argumento de que pretendían “victimizarse” o atraer la atención pública para conseguir mayores ingresos o visibilidad. O bien porque “igual conseguirán trabajo en otro lado”.

Lo mismo que se dice de VHM se puede aplicar a sus amigos y comunicadores militantes, insensibles por completo a la suerte de sus colegas cuando eran efectivamente censurados por influencia del gobierno. Juan Miceli osó preguntarle a Larroque xq había q usar pecheras d la Cámpora y lo echaron. Ninguno de los que hoy gritan ¡censura! dijo nada”, puntualizó en Twitter el cineasta y piloto Enrique Piñeyro.

Martín Caparrós, a quien no se le puede achacar sostener posiciones de “derecha” (y que sí sufrió la censura de Szpolski) dijo igualmente en Twitter: “defensores de un gobierno que no permitió ningún disenso en los medios públicos se horrorizan xq un medio privado decide su programación”.

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Carlos Barragán y Cynthia García en 6-7-8  en pleno proceso de defenestramiento de su compañero Juan Miceli (04.2013), quien se desempeñaba en el mismo Canal 7. Miceli fue finalmente despedido en represalia por haber hecho una pregunta absolutamente pertinente al diputado camporista Andrés “Cuervo” Larroque. Prácticamente nadie de los comunicadores y periodistas “militantes” K, en ningún momento y en ningún ámbito, se quejaron o se solidarizaron con los  comunicadores y periodistas que fueron dejados cesantes por sus opiniones en los medios privados paraoficiales o en los medios del Estado (capturas de pantalla). El video completo del informe de 6-7-8 puede verse acá.

 

Es claro que la “censura” anterior de un lado no justificaría una “censura” posterior del otro. Pero —nuevamente— no es el caso.  Citando otra vez a Caparrós: “Si llamamos censura a que una empresa no quiera contratarte, somos millones los censurados. Censura es algo más serio, muchachos, más grave”. 

El kirchnerismo está realizando en estos días  una gran puesta en escena con sus comunicadores-propagandistas. En su momento  vivieron colmados de privilegios para “bajar línea” como prolongación del gobierno y no pocas veces percibiendo importanes sumas, mientras se excluía a otros comunicadores y periodistas de los medios K. El objetivo de este  zafarrancho busca demostrar que se trata de una “censura” y, de paso, atribuírsela a Macri.

Tampoco sabemos si la decisión vino de PRISA o de Remigio Ángel González. Pero una cosa es cierta: VHM fue despedido al cesar la situación de “mantenimiento forzoso” que el gobierno anterior le había impuesto a la emisora.

Y si efectivamente también es retirado de Canal 9 en Bajada de línea, como se anunció, es claramente porque “el fantasma” González evalúa que dejó de serle útil para congraciarse con un gobierno que ya no existe.

Era el “mantenimiento forzoso” de VHM en estos medios (y no su despido) lo que configuraba un acto político. VHM usufructuó muy convenientemente esa posición a lo largo de un lustro.

Tan simbiótica era la posición de VHM con respecto a la del gobierno K y tan dispuesto estaba el gobierno a sostener su permanencia contra viento y marea que, según José Crettaz, la última renovación de su contrato se firmó en la sede de la AFSCA, presidida entonces por Martín Sabbatella, y ‘bajo coacción’, según reconoció una fuente empresaria que participó de esa negociación (La Nación, 11.01.2016).

Ante este panorama, la desvinculación de VHM de Radio Continental difícilmente pueda caracterizarse como “censura”.

En todo caso, la “censurada” fue la empresa Radio Continental al forzásela desde el gobierno a asociarse a la empresa VHM (el relator es un próspero multiempresario de la comunicación [3]) para expandir el aparato de propaganda oficial, cuando en realidad la emisora no quería hacerlo.

Y no quería hacerlo porque consideraba, entre otras cosas, que esa asociación semicoactiva no le convenía y le hacía perder dinero. Al irse el gobierno que impuso esa asociación, la empresa recuperó el control para definir las características de la programación y VHM perdió la protección  y la situación artificial de la que gozaba.

Si hablamos de verdaderos perjudicados tenemos que referirnos a los trabajadores rasos de los grupos de comunicación lanzados o cooptados por la acción del gobierno K y mantenidos a partir del reparto discrecional de la pauta oficial.

Esos trabajadores, con sueldos bajos, precariedad laboral, retrasos salariales de meses o bien ya despedidos, son víctimas ahora de la crisis del modelo de periodismo paraestatal mantenido con privilegios y dineros públicos que a otros se les negaban, avalados por VHM y muchos otros comunicadores K. Pero nadie de los jerarcas o comunicadores “estrella” K se interesó antes por ellos y sólo derraman ahora lágrimas de cocodrilo después de haber propiciado esa situación, mientras ellos ganaban altos sueldos o hacían fabulosos negocios que a partir del cambio de gobierno se les acabaron.

VHM Plaza

 La marcha en Plaza de Mayo de Buenos Aires contra el despido de VHM transmitida por C5N, el canal de Cristóbal López. Rodeando a VHM, se encuentran entre otros:
Andrés “Cuervo” Larroque, quien hizo despedir a Juan Miceli de Canal 7 por hacerle una pregunta que no le gustó.
Daniel Tognetti, quien conducía en Canal 9 para Diego Gvirtz el programa Duro de Domar, del cual fueron despedidos los panelistas Jazmín de Grazia (por criticar a Aníbal Fernandez) y Lucas Carrasco (por criticar a Amado Boudou).
Martín Sabbatella, quien violó y aplicó discrecionalmente la Ley de Medios para favorecer a varios empresarios entonces paraoficiales como Cristóbal López o Sergio Szpolski. En los medios de este último ha habido desde hace años numerosos trabajadores en situación de precariedad laboral o sujetos a despidos arbitrarios y retrasos salariales que sólo ahora Sabbatella denuncia.
Gabriela Cerruti, quien dijo que el cese de Marcelo Longobardi en Radio 10 no fue una censura sino que “negoció su lugar en Mitre” (26.12.2012) y puso en duda que Jorge Lanata hubiera sido retenido en el aeropuerto de Caracas en represalia por su cobertura periodística de una elección en ese país (2012).
Fuera de cuadro están también Cynthia Garcia (quien se sumó a la ofensiva que culminó en el despido Juan Miceli de Canal 7 en 6-7-8, como se ve en la captura de pantalla de más arriba) y Graciana Peñafort (coautora de la Ley de Medios que no dijo una sola palabra de las numerosas y serias violaciones cometidas en la aplicación de esa ley durante la gestión de Sabbatella). 
Ninguna de estas personas manifestó jamás preocupaciones o solidaridad con ninguno de sus colegas despedidos de medios pro-K o que sufrieron algún tipo de ataque desde el gobierno.

Por eso y aunque se la quiera presentar de otra forma, la situación de VHM no se debe a una vendetta ni a una retaliación por sus opiniones. Es cierto que muchos desarrollaron un rechazo visceral hacia el personaje y puede ser que la vivan íntimamente así. Más que sus posiciones, había quienes les irritaba su increíble y repentina voltereta,  las dudas sobre su ética y su sinceridad, la contradicción entre su estilo de vida y su prédica. Pero son evaluaciones subjetivas que en nada hacen al fondo de la cuestión y que gira en torno a su injustificable y privilegiado apuntalamiento desde el poder estatal.

VHM 27-07-2014

Insólita afirmación de VHM el 27.07 2014 (captura de pantalla)

En lugar de enfocarse sobre los verdaderos responsables y en todo caso hacer algún tipo de autocrítica (como la que hizo el 02.02.2010, sin que nadie le pida que se humille como en esa ocasión), VHM culpó en forma muy poco creíble a Mauricio Macri y Héctor Magnetto de esa situación.

Dijo cuando habló por última vez en Radio Continental: “Me están echando de la radio y esto está en el contexto de una situación agobiante, asfixiante y terrible para la democracia y la libertad de expresión. Mauricio Macri es la máscara de Héctor Magnetto y el Grupo Clarín, y se han hecho cargo del país”.

Prosiguió: “Me echan porque esta empresa está atada a la necesidad de la pauta publicitaria que maneja solamente un gobierno. Lo que viene es un periodismo absolutamente alineado con los intereses de la empresa. No se pueden meter con Macri porque tienen un verdadero cepo moral”.

El presidente Macri rechazó esa versión al día siguiente, el 12.01.2012: “Lamento las cosas que ha dicho Víctor Hugo porque son totalmente falsas. Lo lamento porque tengo una larguísima relación con él. Siempre con enorme respeto. Me apoyó en muchas ocasiones, antes de convertirse en fanático kirchnerista por la sanción de la Ley de Medios”.

El titular de los medios públicos, Hernán Lombardi, anunció que VHM continuará trabajando en los programas que tiene en Radio Nacional Clásica y en la señal DeporTV. Sin embargo, VHM calificó como “hipócrita” el anuncio (15.01.2016) y dijo que hace años que  se desempeña en  el programa radial en forma “gratuita”, sin mencionar su participación en la señal deportiva. De todas formas, también continúa en TV UNLP, la emisora de la Universidad de La Plata y en Telesur, la señal donde el Estado argentino conserva la sexta parte de su capital accionario.

Trabajo, diversidad y reflexión personal

Por mi parte, yo nunca me alegro de que nadie pierda injustificadamente su trabajo, ni festejo lo que le pasó a VHM. Pero, por todo lo expuesto anteriormente, no considero al episodio como un acto de censura. Sólo lo conceptuaría de esa forma si se demostrara que el gobierno actual tuvo algo que ver con el hecho.

Tampoco comparto el argumento de que su ausencia de la emisora “reduce la diversidad” en los medios, razonamiento que ha sido esgrimido incluso por algunos que no sienten ninguna simpatía por VHM.

Es comprensible que haya colegas a quienes VHM haya atacado sistemáticamente y que critiquen al despido como un acto de “censura” o como una disminución del pluralismo: sin duda, no quieren parecer vengativos o rencorosos.

Y es que se puede ser un periodista de cualquier ideología, aun simpatizante (no “militante”) del kirchnerismo, pero nunca debe perderse un mínimo de ecuanimidad, renunciarse al derecho a la crítica o convertirse en un operador gubernamental.

El “periodismo” de propaganda no es tal y si bien es gravísimo que se ejerza a partir de facilidades e infraestructura del Estado tampoco es deseable que prospere en otros ámbitos. Se trata de una actividad tóxica para un sistema de medios y para un periodismo que se desarrollen en democracia y en un entorno de diversidad. La pluralidad no debe ser una sumatoria de sectarismos diferentes, sino que debe partir de visiones y opiniones distintas pero ponderadas.

Nadie sabe si VHM volverá a dar un giro tan espectacular como el del 02.02.2010, si se hará súbitamente converso de otra parcialidad para hacerle propaganda o si alguna vez decide volver al periodismo, renunciando a ser el agente o vocero automático de intereses partidarios, gubernamentales o de otro tipo.

Es muy probable —como decían los kirchneristas cuando compraban medios y despedían a periodistas a granel, con el siguiente perjuicio a la libertad de expresión—, que VHM consiga pronto trabajo en otro lado.

Incluso hay todavía decenas de radios y señales que sostienen al kirchnerismo, aunque su reconversión o subsistencia es aún una incógnita. O podría contratarlo incluso algún medio no necesariamente kirchnerista.

Yo siempre defenderé el derecho a hablar de VHM, aún si persiste en su faceta de propagandista e independientemente de que esta última actitud no me parezca deseable. Ninguna esfera oficial debe vetarlo, incluirlo en una “lista negra”, ni influir para que deje de conseguir trabajo: esto sería un hecho muy grave.

Pero ahora VHM deberá ganarse ese futuro trabajo por su esfuerzo y por sus propios méritos, como lo había hecho antes de 2010. Y no por correr con el “caballo del comisario” o con el peso del Estado detrás de él+.

 

Cynthia García, de Canal 7, “tomándole examen” a personas corrientes y carentes del entrenamiento discursivo que ella posee, que habían concurrido a la marcha del 8N (08.11.2012). Polemizaba con los entrevistados, decidía si sus reclamos eran o no “válidos” o “coherentes”, los corregía en detalles o los presionaba para reconocer “cosas buenas” del gobierno.
Nunca se dio por enterada del fondo de la cuestión: que la protesta era contra un gobierno cuyas actitudes eran vistas por mucha gente como prepotentes y al que se suponía con la intención de perpetuarse, a la vez que esa misma gente manifestaba su rechazo a la propaganda y a la negación de los problemas.
 En ese momento el kirchnerismo estaba en el cenit de su poder y la “televisión pública” se utilizaba mayormente para la propaganda y para atacar a quienes no estaban alineados con el gobierno.
García, que además de sus trabajos en 6-7-8 y Radio Nacional, acompañaba a VHM en Radio Continental, fue despedida de la emisora dos días después que el relator.
  (usuarios de YouTube: DJ1481, ComunidadBlogueraOTROBB4)

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[1] El año 2012 fue sin duda el más peligroso para la libertad de expresión y la diversidad comunicacional en la Argentina desde 1983.
En radio, si el kirchnerismo tan sólo hubiera logrado entonces  comprar (por el desmembramiento y “adecuación” dispuesto en la Ley de Medios) o intervenir Radio Mitre, así como “victorhugizar” por completo a Radio Continental y adquirir Radio El Mundo (esta última sí fue comprada a principios de 2015) hubiera prácticamente desaparecido la libertad de expresión en la radio AM.
En TV bastaba solamente con comprar o intervenir El Trece y TN y forzar el alineamiento completo o la absorción de Canal 26 para convertir toda la televisión en kirchnerista de distintos grados o, en ciertos casos, en neutra/“oficialista de baja intensidad” (como la línea seguida por Telefé).
(Radio La Red, América TV y A24, del Grupo Vila-Manzano, tenían en ese entonces una postura “colaboradora” con el gobierno por el cual se habían alineado significativamente con el kirchnerismo. Sin embargo, cuando se le aprobó su “adecuación” de la Ley de Medios, volvieron a incluirse voces críticas en sus transmisiones.)
Si esa intervención sobre Clarín se hubiera concretado, los diarios del grupo también se hubieran visto incorporados al kirchnerismo y sólo hubiesen quedado La Nación, Perfil y algunos otros medios gráficos no sometidos a la voluntad del gobierno. Su ahogamiento no hubiera sido muy difícil si hubiese existido la voluntad política de hacerlo: Perfil casi no recibía publicidad oficial desde 2005 y La Nación carece de otras actividades fuera de la gráfica para sostenerse en caso de que estas últimas se vieran afectadas. El impulso de la causa Papel Prensa SA buscó también abrir la posibilidad de llevar a prisión a los directores de Clarín y La Nación.
Así de cerca estuvo la Argentina de eliminar o reducir a su mínimo nivel la libertad de expresión, mientras el kirchnerismo fantaseaba con la idea de la reelección indefinida y de “ir por todo”
Víctor Hugo Morales y varios otros comunicadores-propagandistas K, por desgracia para la imagen que hoy pretenden presentar, fueron parte de ese plan. También lo fue el “hecho político” de la Ley de Medios, que independientemente de sus disposiciones “jurídicas” buenas o malas (violadas ‘a piacere’ por el oficialismo y por Martín Sabbatella desde la AFSCA) era simplemente un instrumento político para lograr impacto en la opinión pública y la legitimación de estos propósitos.

[2] Vicent, Lucía (2011). “La disputa por la mediación durante el kirchnerismo en Argentina” en CONfines de Relaciones Internacionales y Ciencia Política, 7 (13), p. 60.

[3]Soy el periodista que más le pagó a la AFIP”, dijo el 02.11.2015. Varias veces, asimismo, manifestó que era la persona mejor paga de la radio argentina. VHM es un periodista-empresario que gestiona sus propios ingresos y pautas por medio del sistema de coproducción. Al contrario de lo que ocurre con los distintos medios y con muchos de sus colegas, es dífícil saber cuánto cobraba en concepto de publicidad oficial en razón de la complejidad de sus acuerdos y de las sociedades involucradas. Los datos de la pauta del Estado nacional dados a conocer por la Jefatura de Gabinete u obtenidos por pedidos de acceso a la información no permiten identificar esos ingresos. Sin embargo, podía recibir dinero de fuentes oficiales por conceptos distintos a la publicidad oficial (Ver esta nota). Por ejemplo, el ya citado caso de dar charlas o presentaciones (en algún momento se especializó en explicar y ponderar la Ley de Medios, abonándosele con fondos de entidades oficiales o intendencias). El 01.11.2015 la periodista Luciana Geuna dijo que la productora de VHM cobraba “dos millones de pesos de pauta oficial” pero este dato no puede ser confirmado.
 

Desde este enlace, podés bajar en forma gratuita mi libro El medio es ‘El Relato’, un análisis crítico, detallado y documentado sobre la política K de comunicación:  http://www.elmedioeselrelato.com

 

1-PORTADA CON FRANJA-FINALl

 

 

2-CONTRATAPA-FINAL

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Acerca de Roberto H. Iglesias

Soy periodista, consultor y analista de comunicación.
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